SOBRE LA LEYENDA DEL PRIMER SEÑOR DE BIZKAIA

SOBRE LA LEYENDA DEL PRIMER SEÑOR DE BIZKAIA
Aitzol Altuna Enzunza



El Catedrático, arqueólogo, historiador y académico de número de la Real Academia de la Historia de España, Martín Almagro Gorbea (Barcelona 1946), al ingresar como miembro de número en la Real Academia de Doctores de España (RADE), ha leído un discurso bastante extraño (por ser prudente), que lleva por título “Las raíces celtas de la literatura castellana”. En él afirma el barcelonés que mediante la transmisión oral, la cultura celtíbera 1.500 años después de su desaparición "Su influencia es evidente en libros de caballerías que inspiraron la obra máxima de nuestra literatura, Don Quijote de la Mancha, cuyas remotas raíces celtas tantas veces pasan desapercibidas".

En lo que respecta a los vascos, hace una afirmación también extraña, “Diversos relatos histórico-míticos sobre el origen de los señores de Vizcaya confirman el profundo carácter celta del País Vasco, que conservó hasta la Alta Edad Media la tradición épico-histórica hispano-celta, como evidencian los protagonistas, la trama y numerosos detalles, según ha explicado el nuevo académico de la RADE. Del personaje heroico histórico-mítico, fundador de una dinastía y de un pequeño Estado existen varias versiones, como Froom, Juan Zuria o Diego López, Señor de Vizcaya, quienes, en su época, serían considerados como un rikx o rey celta, pues se asocian a ritos de entronización real relacionados con el Árbol de Guernica, característicos de la ideología y la religión celtas”.

¿Qué podemos decir al Sr. Almagro sobre la leyenda de Jaun Zuria? La leyenda es tardía, bajo medieval y no alto medieval (del siglo XIV), por tanto tiene relación con el más que posible contacto entre baskones del ducado independiente de Baskonia de la comarca de Bizkaia con vikingos o gentes de Escocia y el árbol Malato (no el árbol de Gernika), de ahí una remota y rebuscada conexión con el mundo celta por lo que el Sr. Almagro parece que ha superado en imaginación al mito original.

La leyenda de un primer señor de Bizkaia al que llamaron Juan Zuria (el Señor Blanco) sitúa a este caballero en el siglo IX como hijo de un normando. La leyenda es recogida por primera vez por el literato Pedro de Alfonso (1288-1346), Conde de Barcelós, en su libro "Nobiliario de Linajes" ('Livro das Linhagens'), el cual era hijo bastardo del rey Dionis de Portugal así como amigo de la casa López de Haro. Por tanto, la leyenda aparece escrita más de tres siglos después de los supuestos sucesos. Según el historiador Andrés de Mañaricúa, el Conde de Barcelós conoció la leyenda cuando fue desterrado a Castilla donde se hizo amigo de don Juan Núñez de Lara, Señor de Bizkaia tras su matrimonio con doña María Díaz de Haro. 

Las siguientes dos versiones de la leyenda son del primer historiador bizkaíno, el banderizo muñatón Lope García de Salazar en "Crónicas de Vizcaya" del año 1454, por tanto conocedor de lo escrito por el Conde de Barcelós. El propio banderizo García Salazar escribe después una tercera versión de la leyenda de “Jaun Zuria” en su obra "Bienandanzas e Fortunas" (1471).

Según explica el euskaltzain Juan Manuel Etxebarria Ayesta, la primera versión, la del Conde Barcelós, dice: "Biscaya fue Señorio aparte antes que huviesen Reyes de Castilla i después estuvo sin Señor. Avia en Asturias el conde don Moniño, que vexando a aquella tierra le obligó a pagarle cada año una vaca, un buey i un cavallo blancos. Poco después deste acuerdo llegó allí, una nave, en que venía un hombre bueno, hermano del rey de Inglaterra, expulso de allá; y se llamava From: traía consigo a Fortun Froes su hijo”.

Por su parte, García Salazar en "Crónicas de Vizcaya" introduce, un siglo, después muchos más detalles, algunos contradictorios:"Una hija legítima del Rey de Escocia arribó en Mundaca en unas naos y vinieron con ella muchos hombres y mujeres...y aquí [en Mundaca] se dice que esta doncella se preñó, y que [por eso] la dejó en destierro su padre, y que la dejaron en Mundaca aquellas gentes que con ella vinieron y que se tornaron para Escocia con sus naos salvo algunos que quedaron con ella" (…) "Que cuando el [rey] de Escocia padre de esta doncella murió (que fincó un su hijo por rey) [hizo rey a su hijo] y que [por] esto su hermana no quiso quedar[se] en el reino y que tomó aquellas naos...y que arribó allí en Mundaca...y que las naos se tornaron para Escocia y la infanta con las más de las gentes se quedó allí [en Mundaca] y que hicieron alli su puebla. Y que estando allí...durmió con ella en sueños un diablo que llaman en Bizcaya Culebro, Señor de la casa y que la empreño...y parió un hijo, que fue mucho hermoso y de buen cuerpo y llamáronle don Zuria, que quiere decir en castellano don Blanco...".

En su segunda obra "Bienandanzas e Fortunas" (1471), Lope García de Salazar añade, sobre sus primeras dos versiones, algún detalle más: “Seyendo este don Çuria ome es/ forçado e valiente con su madre allí en Altamira cavo Mondaca en edad de XXII años entró vn fijo del Rey de león con poderosa gente en Vizcaya quemando e Robando e matando/ en ella porque se quitaran del señorio de Leon e llegó fasta Baquio”.

Podemos resumir así el comienzo de la leyenda: el rey Alfonso III de Asturias-León quiso guerrear con los bizkaínos para dominarlos, pues no se sometían y mandó a su hermano Ordoño a la cabeza de su ejército; como los bizkaínos no tenían un dirigente de noble cuna, el rey asturiano no quería comenzar la batalla. Los bizkaínos nombraron Señor para la guerra a From, hijo del rey normando (vikingo) de Inglaterra que había llegado a las costas bizkaínas; otra versión habla de la hija del rey de Escocia que llega a Mundaka embarazada de un rey normando conocido como “culebro” (Sugaar en euskera) y que parió a un hijo, que por su blancura fue llamado “Jaun Zuria”, “El Señor Blanco”.

En la Wikipedia se comenta incluso una versión más y con nuevos detalles contradictorios: “Jaun Zuria era un príncipe heredero irlandés que se llamaba Lemor MacMorna. En un accidente de caza mató al rey, su padre, por lo que perdió el trono y fue obligado a exiliarse en una pequeña embarcación, llegando a Mundaka con dos de sus sirvientes. Allí fue recibido por el rey Lekobide, con cuya hija se casó. Las tropas asturianas atacaron Vizcaya, y Lemor luchó contra ellas, venciéndoles en Padura. Por ello recibió el nombre de Jaun Zuría”.

Hay incluso más versiones, Antón Erkoreka sintetiza un extenso artículo del mundakés Jon Bilbao en su obra "Los Vikingos en Euskal Herria", donde dice textualmente: "Jon Bilbao (1982) en un sugestivo e interesante estudio sobre la figura mítica del primer señor de Bizkaia, Jaun Zuria, es el primero en plantear una sólida hipótesis de trabajo que se apoya en una investigación previa de Smyth (1977) “Los reyes escandinavos en las Islas Británicas desde el año 850 al 880”, publicados por la Universidad de Oxford. Según Jon Bilbao (1982, 253) "en la segunda mitad del siglo IX se establece en la ría de Mundaka una base vikinga que tiene relación con los reyes vikingos de Dublin: Olafrel u Olafr el blanco e Ivarr el Culebro”. Por tanto, según el historiador Jon Bilbao, ambos personajes del mito de Jaun Zuria coinciden con los reyes normandos-vikingos que gobernaban Dublín por esos años, 850-853, Ivarr “el Culebro y Olafr “el Blanco” (Olafr inn hvíti e Ivarr inn beinlausi 850-873).

Antón Erkoreka sitúa la morada de Jaun Zuria en la torre de Montalbán en Mendata y en el barrio Altamira de Busturia en la torre Torrezarreta (siguiendo a Lope García de Salazar). Mundaka (“Munaca” en los primeros documentos) es la anteiglesia que ocupó el asiento y voto número uno en las Juntas Generales de Bizkaia; de las primeras reseñas históricas que se tiene sobre este municipio, sería precisamente la existencia del palacio Altamira, la leyenda de Jaun Zuria y su madre escocesa. No hay restos de Bizkaia ni en toda Europa de naves o asentamiento vikingos o normandos, aunque es probable que hicieran incursiones por tierras bizkainas desde su base en Baiona.

Otra versión oral habla de que en la lucha destacó “por su bravura entre los vizcaínos el joven noble Lope Fortún de Mundaca, hijo de una princesa escocesa y de un noble de Mundaca. Después de la batalla, los vizcaínos aclaman a este noble, y en 888 le nombran su Señor, siendo el primer Señor de Vizcaya bajo el nombre de Señor Blanco (Jaun Zuria)”. Así, este mítico Froom de la leyenda del conde Barcelós, sería para el historiador Ibargüen el noble Lope Fortún, llamando por su blancura Jaun Zuria, que estaría casado en primeras nupcias con doña Iñiga, hija del conde don Cena y en segundas nupcias con Dalda Estíguiz, hija del Señor de la Merindad de Durango Sancho Estíguez Ortúñez (todo según Ibargüen).

Parece, sin embargo, más verosímil el cometario de Tomás Urzainqui en su libro “Nabarra, sin fronteras impuestas”, el cual señala: “(…) a tenor de la genealogía de Lope García de Salazar, la princesa de Escocia correspondería a la princesa Nabarra Belasquita, hija del rey Sancho I y de la reina Toda –como dice el Códice de Roda-. Y según la genealogía del conde de Barcelós, portugués, el “duende-casa” (como se le llama también al padre de Jaun Zuria) que la fecundó habría sido el primer señor de Vizcaya (tenente), que no es otro que el nabarro Fortún Galindones, tenente de Nájera y tercer esposo de la princesa Belasquita, según nos descubre el mismo Códice de Roda. El afán genealogista de dar antecedentes ilustres y exóticos a las familias gobernantes, unido al juego de las etimologías, convirtió a Belasquita o Belascota (Bela-Scota) en princesa escocesa, al conde Mome en “duende-casa” (en euskera “momo” es fantasma), y a Fortún Galindones en príncipe galés (viendo en Galindones la raíz galen o galense, Gales)”.

Belasquita y Momo (llamado también Don Manso, Munio o Nuño) tuvieron tres hijos varones: Aznar, Lope y Sancho, de apellido Momiz todos ellos, y una hija, de nombre Belasquita, como su madre. En una de las dos tumbas con inscripciones del siglo IX halladas en Argiñeta (San Andrés de Etxebarria, anexionado a Elorrio en 1630), tras ser recuperadas de los alrededores junto a otras posteriores, aparece la inscripción de Momo, datado en la era 921 que corresponde al año 883 -según el cómputo actual-, de la que nada más se puede afirmar, pues Momo con sus posibles variantes era un nombre muy común, tal y como recoge Andrés E. de Mañaricúa: Munio, Mome, Momi, Meme, o Munioz, Monioz, Munoz, Nuño etc.

La única documentación escrita, nos habla de la Torre de Madariaga de la familia oñacina del mismo nombre, que está situada en lugar predominante en una loma desde la que se dominan amplias perspectivas como el estuario de a ría de Mundaka-Gernika o Urdaibai, la cual es muy apta para ejercer el control físico del territorio y su explotación económica, y que podría ser una de las casatorre originaria de los primeros gobernantes bizkaínos dentro del reino de Pamplona-Nabarra; se sabe que en el año 1070 Iñigo López, señor de Bizkaia bajo el reino de Pamplona-Nabarra y su mujer la princesa nabarra doña Toda, donaron al monasterio nabarro de la Rioja de San Millán de la Cogolla en sufragio de su hijo Sancho Iñiguez: “in Gorrikiz illos palacios de Madariaga cum ovni pertenentia, terras, et manzanares (…)” (los palacios de Madariaga con sus pertenencias, tierras y manzanares). En Gorrikiz, hoy Gorritiz, llamada también Torre de Urdaibai, del reloj o del “perejil” (“Gernikazarra historia taldea”).

La leyenda sobre Jaun Zuria continúa con una batalla que habría tenido lugar en Padura sobre el año 870, en el pueblo de Arrigorriaga, “pedernal de piedras rojas”, se habría llamado así tras esta batalla por la sangre derramada, aunque la traducción es también parte de la leyenda; tampoco parece acertada la posibilidad que se deba el nombre a las minas de hierro de Ollargan que convertirían las piedras de la zona en rojas o “bermejas” como dice el conde Barcelós, pues son bastante lejanas al centro del municipio. Lo más probable es que el topónimo “Arrigorriaga” sea “pedernal de piedras peladas”, ya que “gorri” en euskera se puede traducir también como “pelado” (como el monte Aitzgorri entre Gipuzkoa y Alaba), pues la Iglesia Parroquial de Arrigorriaga, Santa María Magdalena, está sobre un montículo de piedras cercano al río y pelado de vegetación.

La batalla la ganaron los bizkaínos, que persiguieron a los astur-leoneses hasta el árbol en Luyando Malato (una encina), a 2 leguas de Arrigorriaga, donde clavaron sus armas. Desde entonces los bizkaínos defenderán ellos su territorio hasta este árbol y a partir de allí como mercenarios a sueldo.

El padre Manuel Larramendi (1690-1766) y después el escritor bizkaino Antonio Trueba (1816-1889), dicen que la palabra Malato es en verdad Malastu (lozanía), pero el mismo Trueba señala que es más probable que signifique “malatus” enfermo (o incluso "leproso"), justo lo contrario, pues en algunos textos se habla de que está seco o que sólo le quedan las raíces, así en las Crónicas de Lope García Salazar del siglo XV se le llama "árbol gafo", es decir, encorvado. El árbol malato se replantó en 1729 y se puso una lápida en el lugar.

La tumba del príncipe asturiano Ordoño sería según la tradición la que está en el pórtico de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Arrigorriaga, profanada hace dos siglos por las tropas napoleónicas en busca de tesoros, pero sólo aparecieron unos huesos y una espada hoy desaparecida; según el historiador Andrés de Mañaricua, sería la espada de un soldado que estaba haciendo el Camino de Santiago sobre el siglo XIV, debido a la indumentaria que se describe del caballero con la Cruz de Santiago en el pecho.

En unos versos épicos medievales anónimos recogidos por Juan Gorostiaga en la obra "Épica y lírica vizcaína antigua" publicada en 1952, se dice:

"Odoldurik heldu guiñan
mallatu arbola onetara
eta urren datozenak bere
alan ikusiko gaitubela"

(Cubiertos de sangre llegamos a este árbol Malato y los próximos que lleguen nos verán del mismo modo)

El último gran historiador vizcaíno, Andrés de E. Mañaricua, sin embargo, considera la leyenda de Jaun Zuria cuentos familiares de la Casa de Haro.


Conclusión sobre la leyenda de Jaun Zuria

Una tradición oral parecida a la Batalla de Padura y mucho más desconocida, es recogida por el historiador bizkaino Juan E. Delmas (s.XIX) y da cuenta de una batalla en la comarca de Lea-Artibai en el siglo X, en la pequeña anteiglesia de Ibaibaso, en la que los bizkaínos habríamos infligido una severa derrota a los "franceses" (a los francos lógicamente), desde entonces este pueblo se llamaría Gizaburuga, "lugar de los hombres sin cabeza".

Estas leyendas, en general, nos hablan de que la defensa del territorio bizkaíno en la Alta Edad Media probablemente se ejercería como en la Edad de Hierro (1.000 a.C. al siglo I a.C.), mediante las familias lugareñas cabeza de linaje, con ciudades amuralladas o simples poblaciones a media ladera a donde vuelven los bizkaínos tras la caída del Imperio Romano Occidental -que los bajó al llano para su mejor control-. Lugares de gran visibilidad que permitían prevenir mejor las acometidas de los bárbaros entre los que estaban los hérulos y los vikingos que devastaban la costa cantábrica e incluso llegando al mar mediterráneo, ciudades o poblaciones confederadas y reforzadas, ya que la costa bizkaína y gipuzkoana era la más interesante dentro del “salto vasconum”, incluido Busturia (“Bost-uri”, Cinco Ciudades según K.Mitxelena, topónimo atestiguado desde 1051).

Estas poblaciones servían como defensa del territorio, nombrando un jefe o caudillo en cada ocasión, el más poderoso del momento dentro de las grandes familias, lo que explicaría la leyenda de “Jaun Zuria”, al no tener los bizkaínos un verdadero “Señor” o soberano permanente desde la caída del duque baskón Waifre en el año 768 hasta su incorporación al reino de Pamplona-Nabarra, probablemente a comienzos del siglo X o finales del siglo IX, que ya se había constituido como un Estado pleno tras la Segunda Batalla de Orreaga en el 824 con el veterano líder Eneko Aritza como el primero de una nueva dinastía real baskona, la pirenaica.