SOBRE CÓMO BIZKAIA SE INCORPORÓ A NABARRA


SOBRE CÓMO BIZKAIA SE INCORPORÓ A NABARRA
Aitzol Altuna Enzunza
(Mapa de la web  Nabarlur)

Tras la caída del Imperio Romano y ya bajo el reino de Nabarra, en siglos XI al XII, es cuando las poblaciones bizkaínas se empezaron a asentar de nuevo en los enfangados y boscosos valles frente a los antiguos asentamientos a media ladera cerca de los caminos pastoriles y de comercio que atravesaban las lomas de los territorios costeros, atalayas naturales que evitaban a los bandidos o a las mesnadas enemigas por tener mejor visibilidad ante un ataque y donde, además, estaban los mejores pastos, lo que reforzaría el posible significado de “lomas” de la voz “Bizkaia”, de la euskérika “bizkarra”.

Sería Errigotia o "Tierras en lo alto" uno de esos lugares elegidos, privilegiado por sus vistas, de donde se controla toda la comarca de la ría de Gernika-Urdaibai e incluso Mungia con su antigua torre de Billela, todo ello desde una de esas lomas que lleva el nombre significativo de Bizkaigane. Pues bien, el escudo de la villa de Errigoitia, es un águila negra con alas abiertas en campo rojo, las mismas que usaban los reyes de Nabarra de la primera dinastía, la “pirenaica”. Según el padre Moret en “Investigaciones” tal y como recoge Andrés de Mañaricúa en su libro “Vizcaya, siglos VIII al XI los orígenes del Señorío”: “adoptó por armas dicha villa de Rigoitia una Águila negra, con las alas abiertas en campo rojo, las mismas que usaban los Reyes de Nabarra”.

Es más que probable que Bizkaia pasara a integrarse de forma voluntaria en el Reino de Pamplona-Nabarra, junto al resto de los vascos o baskones, para crear el Estado baskón de Nabarra. Baskonia, de la que es hija Nabarra, se trataría uno de los pocos casos en la historia donde una nación previa se da así misma un Estado, por tanto sería uno de los pocos casos de una “Nación-Estado”, marcada su constitución y organización por nuestro derecho pirenaico, de arriba abajo. No se tiene constancia de lucha interna alguna para la creación del reino de Pamplona-Nabarra como no la hubo en la creación del ducado de Baskonia, lo que hace pensar en una unión de intereses entre todos los baskones. La presión asturiana está sin duda detrás de la incorporación de una Bizkaia al floreciente reino de Pamplona-Nabarra, al quedar alejada del centro político baskón que estaba al norte de los Pirineos.

El primer Señor de Bizkaia fehacientemente datado es del año 920, se trataría de Munio López (o Manso López), que podría ser hijo de López Fortun (870-909), natural de algún lugar del Urdaibai, el cual se casó con Belazquita (Velasquita), hija del rey nabarro Sancho I Garcés y doña Toda Aznar. Según la tradición, Munio López fue sitiado y muerto por su propio hijo, su tumba estaría en Aretxabalagane, en la iglesia construida en románico nabarro del siglo X de San Martín de Morga (actual centro parroquial), cerca a su vez de la ermita juradera de San Esteban de Gerekiz, también románico nabarro del mismo siglo X (renovada tras un incendio en 1961), donde se hallaron estelas tardo-romanas del siglo IV, quizás de una antigua calzada romana que según Julio Caro Baroja transcurría por la costa.

En Aretxabalagane se celebraban probablemente las primeras Juntas de Bizkaia, bajo su árbol juramental y en la ermita juradera cuando lloviese, se trata de una zona de confluencia de caminos en la misma zona montañosa y en esas lomas origen de la Bizkaia primigenia que le dan nombre. Después la Juntas de Bizkaia pasarán a Gernika para ser esta su ubicación definitiva en el siglo XV.

Es en las Genealogías de Meyá o Roda (970-992) descubiertas en la diócesis de Urgell (Santa María de Meyá, Lleida), donde aparece la primera referencia de un “Comitis Biscahiensis”, por tanto ya dentro del reino de Pamplona-Nabarra: Bizkaia era una unidad política libremente adherida al Reino de Pamplona-Nabarra: “ordo numerum regnum Pampilonensium (...) domna Belasquita, usor fruit domni Momi Comitis Bizcahiensis”.

Joxe Garmendia Larrañaga en “Euskal Herriko Hezkuntzaren Historiarako Dokumentazio Gunea” comenta sobre los primeros señores de Bizkaia: “Aparece como conde de Álava Monnio Vigilazi (Munio Velaz ) en la escritura de Valpuesta otorgada el 18 de mayo de 918. Parece ser hijo del conde Vela Semenonis, defensor de Cellorigo en el 881 (Rioja Alta, entre Haro-Pancorbo ). Este Munio es, probablemente, el Momi, Conde de Vizcaya, que figura en la primera genealogía de Meyá y casado con Doña Belasquita, hija de Sancho I Garcés de Navarra”. www.euskomedia.org/aunamendi.

Sin Embargo, otros autores como Aitor Pescador Medrano en “Tenencias y tenentes del reino de Pamplona, en Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, La Rioja y Castilla” del año 1999, demuestra como imposible que sea la misma persona por la edad, como también es difícil que se le nombre como señor de la Bizkaia primigenia y no se haga referencia al condado de Alaba, mucho más importante en esos momentos, por lo que deben de ser dos personas diferentes.

La Nabarra Occidental forma parte desde un inicio del reino nabarro, ya en el siglo IX, hecho avalado por los límites de las diócesis eclesiásticas en tiempos visigóticos, ya que todas las tierras de habla vasca peninsular formaban parte de la diócesis de Pamplona, tal y como señala el historiador L. Serrano. Así los obispos de Alaba de los siglos IX y X firman como obispos “in Álava et in Vizcaia”, lo que no deja dudas de la no-pertenencia de Alaba y de Bizkaia al obispado castellano de Burgos, ni de Castilla ni tampoco de Asturias.

Está también bien documentado la existencia del condado con Sancho el Mayor sobre el año 1040 con Don Eneko Lupiz latinizado como Iñigo López, apodado “Ezkerra” (“el zurdo”, años 1040-77), que además era tenente en Nájera –entonces capital del reino, por tanto un cargo muy importante-, al que sucedió su hijo Lope Iñiguez II (1077-93) y su nieto Diego López I (1093-1124).

El condado de Bizkaia pasó a ser nombrado como Señorío por primera vez en el año 1040 con el mencionado Iñigo López “Ezkerra”, aunque aparece tanto como “comite”, “senior”, “dominator” y como “dux” en diferentes documentos de Valvanera, San Millán de la Cogolla, Albelda (los tres en La Rioja y dentro del reino de Pamplona-Nabarra), Iratxe o Leire. En realidad la fecha en la que se puede decir que Iñigo López “Ezkerra” tiene un título superior al de conde, es un documento de 1053 de Sancho García IV el de Nájera (Antso Garsea o “gaztea”, el hijo de Sancho III), donde da entender que Munio Sánchez era “comes” en Durango y que estaba subordinado a Iñigo López, que aparece en el documento de 1051 como “dux” en Bizkaia y Durango (firma como “Enego”), aunque el documento parece extrapolado y no es segura la información y sí en el documento que dice literalmente: “dux in illia piltria que uoatatur Bizcaia et Duranco”, por tanto como un único tenente para ambos territorios, Antso Garsea IV el de Nájera o Sancho García, firma como rey “in Pamplona et in Alaua et in Bizcaia”.

El padre de Iñigo López, Lope Iñiguez, en 996 ya aparecía como “Caballerizo Mayor” del rey García el “Tembloroso” y luego como “Botiller” de su hijo el rey Sancho III el Mayor, después se la adjudican varias tenencias en varios documentos nabarros como las de Marañón (1015), la de Azagra (1031) o la de Arrosta o Ruesta (1032), pero nunca firmó como tenente de Bizkaia, por tanto, parece que es con su hijo Iñigo López cuando esta familia llega desde la Corte de Pamplona-Nájera a Bizkaia, sin que sepamos a ciencia cierta el lugar de procedencia original de esta familia.

Iñigo López, Señor de Bizkaia, se casó con Toda, hija del rey nabarro Sancho García IV de Nájera, primogénito de Sancho III el Mayor, por tanto se emparentó con la familia real nabarra.

La Torre de Madariaga de la familia oñacina del mismo nombre, está situada en lugar predominante en una loma desde la que se dominan amplias perspectivas como el estuario de la ría de Urdaibai, a medio camino entre la capital bizkaina de entonces que era Bermeo (cabeza de Bizkaia hasta 1602) y Gernika, torre que es muy apta para ejercer el control físico del territorio y su explotación económica, podría ser una de las casa torre originaria de los primeros gobernantes bizkaínos dentro del reino de Pamplona-Nabarra, pues se sabe que en el año 1070 Iñigo López, señor de Bizkaia y su mujer, la princesa nabarra doña Toda, donaron al monasterio nabarro de la Rioja de San Millán de la Cogolla en sufragio de su hijo Sancho Iñiguez: “in Gorrikiz illos palacios de Madariaga cum ovni pertenentia, terras, et manzanares (…)” (los palacios de Madariaga con sus pertenencias, tierras y manzanares). En Gorrikiz, hoy Gorritiz, llamada también Torre de Urdaibai, del reloj o del “perejil”, hoy un museo (“Gernikazarra historia taldea”).


ALABA, HIJA DE NABARRA


ALABA, HIJA DE NABARRA
Aitzol Altuna Enzunza



“Alaba procede del euskera, derivado de ”lau” más el artículo “–a”, “llanura”, Henrique Knörr, euskaltzain (2008).

A su vez, “Nabarra” viene de la voz vasca "Nabar", "planicie entre las montañas", según los historiadores A.Oihenart o A.Kanpion.

"Acaeció que antiguamente desde que fue conquistada la tierra de Álava y tomada a los nabarros, siempre tuvo señorío apartado (...)" Crónica del invasor y rey castellano Alfonso XI (1312-50).



La Nabarra occidental forma parte desde un inicio del reino nabarro, desde el mismo siglo IX de su creación, hecho avalado por los límites de las diócesis eclesiásticas en tiempos visigóticos, ya que todas las tierras de habla vasca peninsular formaban parte de la diócesis de Pamplona, tal y como señala el historiador L. Serrano. Así los obispos de Alaba de los siglos IX y X firman como obispos “in Álava et in Vizcaia”, lo que no deja dudas de la no-pertenencia de Alaba al obispado castellano de Burgos ni a Castilla ni tampoco a Asturias.

El cristianismo prerrománico alabés se limitó a las cuevas occidentales de difícil acceso de las cuencas altas del río Ayuda (deformación de “Ibai Uda”, según K.Mitxelena): Faido, Laño, Albaina y Markínez, y del Olmecillo (Korro y Pinedo) en Valdegobía (Gobiaran). Son importantes y poco conocidas las iglesias alabesas excavadas en cuevas con arcos contra-absidados y las más de 100 cuevas de eremitas encontradas en sus cercanías (sobre unas 127 si añadimos Trebiño, montaña alabesa y Rioja alavesa), que datan nada más y nada menos que de los siglos V-VI.

La ermita de la Virgen de la Peña del pueblo alabés de Faido (municipio de Peñacerrada-Urizaharra, frontera con Trebiño), con sus 11 cuevas ocupadas desde el siglo IX por eremitas, es considerada la más antigua de la Nabarra Occidental pues aún está en uso.

“Hay un hecho cierto, la tierra vasca es probablemente el área de más abundante arquitectura rupestre, altomedieval y eremítica, en toda la geografía hispánica: es un fenómeno que se registra especialmente en la actual provincia de Álava, más concretamente en las áreas de Valdegobía, Villanueva, Tobillas, Corro, Pinedo, Quejo etc. y el condado de Treviño (términos de Maquínez, Urarte, Laño y Alabaina). A ella llegó el fenómeno desde la Cogolla (La Rioja). Son del siglo VI por tanto no guardan relación con musulmanes, ¿marcan la frontera goda?”. “Historia del arte vasco, Tomo I” Juan Plazaola (Edit.Ostoa).

Tampoco hay restos visigodos en Bizkaia y qué decir en Gipuzkoa (los visigodos se enterraban sin armas), y sí de baskones como en las excavaciones alabesas de Aldaieta (Villareal-Legutiano), en el descampado de Aistra (Alaba, entre Zalduondo y Altsasua, en el paso de San Adrián a Gipuzkoa) o en Zornoztegi (Agurain-Salvatierra, en la Llanada alabesa) .

El primer rey importante visigodo, Leovigildo, llegó incluso a fundar una ciudad no lejos de la actual Vitoria en el año 581 con el nombre de Victoricum, tras una batalla en las faldas del Gorbea (actual Vitoriano¿?, Vitoriacum o Vitoria Veterem) y el burgalés de Amaya. Formarían junto a Olite una avanzadilla o fortalezas puente; pero los godos son siempre expulsados y el hijo de Leovigildo, Recadero, sigue luchando contra los baskones.

Por tanto, antes de la creación del reino de Nabarra en el sur de Baskonia y la aparición del condado alabés, las tierras que formarán la futura Alaba, eran la frontera Occidental del ducado baskón.

“No hay formas de origen visigodo, es decir, esa idea del aislamiento del País frente a los visigodos es una realidad que la toponimia confirma. Mientras por ejemplo en Castilla las formas de villa se dan en la época visigótica creando nombres como Villafáfila, Villarramiel, Villarramirelli y se usan los nombres visigodos en toda Castilla la Vieja, en Álava no hay restos”. Julio Caro Baroja en su libro “problemas vascos de ayer y de hoy”.

La frontera entre los vascos y los germánicos visigodos era Castilla Vetula o Vieja, la misma que después impondrán a los musulmanes como permanente, pese a las numerosas aceifas o ataques, siendo la Alaba primigenia “La puerta de la cristiandad”, atacada constantemente en razzias entre los años 791 y 878. Esta “puerta” físicamente la podemos situar en las Conchas de Haro. Las crónicas musulmanas hablaban de Alaba y “Al Quila”.

“Al Quila” o Castilla se refería a la Castilla primigenia, Castilla Vieja o Vetula: Valles de Mena, Villarcayo, Valdevieso, Manzanedo, Losa, Espinosa de los Monteros, Cudeyo, Tobalina y Pancorbo. En su inicio, Castilla la conformaba únicamente los territorios de los antiguos autrigones del Valle de Mena, desde el río Satón hasta el sur de Villarcayo.

En lo que respecta a la frontera entre alabeses y musulmanes:

“La frontera musulmana o Tseguer ofrecía un buen tramo con tierra alavesa. Pero lo grave para los alaveses es que éstos tenían tierras allende el Ebro entre Nájera y los dominios astures. Este hecho hace que toda expedición musulmana contra los castillos astures debiera, forzosamente, atravesar las líneas alavesas. El año 766 Bedr avanza hacia Alava y envía gentes a explorar las intenciones de los hombres de esas comarcas (Ibn Adhari). Los alaveses tenían por toda su frontera castillos propios” Joxe Garmendia Larrañaga, “Euskal Herriko Hezkuntzaren Historiarako Dokumentazio Gunea” /www.euskomedia.org/aunamendi.

Los Belasko derrotaron al ejército musulmán en las Conchas de Arganzón, sur de Alaba, en el 801. En el 803 los Belasko que dominaban Alaba, Tierra Estella y la comarca de Pamplona, junto con los musulmanes baskones emparentados con los reyes de Nabarra y antiguos terratenientes romanos, los Banu Casi , tomaron Tudela, contaron con tropas baskonas del norte, aliadas akitanas además de las propias, y mataron a su gobernador musulmán Mustarrif. Estos señores feudales musulmanes formaban auténticos Estados o reinos de taifas.

La venganza el emir de Córdoba no se hizo esperar, Al Hakan, retomó de nuevo Tudela y los Banu Casi le juraron fidelidad para mantener su pequeño reino en el 806. "Pamplona y los nabarros" apostaron esta vez por el rey franco Ludovico Pío para defenderse del todo poderoso emir.

El hijo da Carlomango, Ludovico, entre el 810 al 812 llegó a vivir en la misma Pamplona que controlaba con la ayuda de familias baskonas como los Belasko, favorables a los “carolingios”, por lo que son llamados “galos” en varias crónicas musulmanas. Pero otros buruzagis dominaban amplias comarcas sur pirenaicas. Los Belasko se rebelaron después contra los francos y se alzaron con Eneko Aritza, el primer rey de Nabarra, que unió de nuevo a todos buruzagis baskones (824). Pero existe una mención anterior de los Belasko que nos cuenta que Abdr ar Rahman I (Abderramán) tenía en su poder la zona al sur de Pamplona en el 781, pero fue expulsado por los nabarros en el 799 al mando de su caudillo Belasko, musulmanes que ya habían entrado en una ataque anterior en Pamplona (a la que llaman Banbaluna), siendo expulsados en el 755.

En el año 816 los Belasko, “ibn Belascot” (de “bele” cuervo y “-ko” diminutivo según K. Mitxelena), con gentes venidas de la Sakana (Alta Nabarra), Burunda (Alta Nabarra) y Alaba, derrotaron de nuevo al ejército del emir de Córdoba en el valle de Orón (río Orancilo, al sur de Miranda de Ebro) y en el desfiladero de Pancorbo, pertenecientes a Castilla Vetula (hoy Burgos) y posterior frontera del reino de Pamplona-Nabarra.

En el año 823 se dio la aceifa (del árabe "verano" por producirse los ataques en período estival) de Abd al-Rahman II (Abderramán), recordada por las crónicas musulmanas de Ibn Idhari como la “Campaña de Alaba”, donde se saqueó la Llanada alabesa, sus fortificaciones fueron destruidas y liberados los prisioneros musulmanes. En ese año 823, el cronista musulmán Ibn Idhari (s.XII-XIV), relata como pasaron las tropas musulmanas por Alaba y “acometiendo por un valle llamado Djernik (Gernika? Gernika de Alaba hoy desaparecida o de Bizkaia? pues existen dos municipios con ese nombre)” hasta llegar a “la montaña de los madjus”, “los adoradores del fuego”. Gobernando Muhammad I se repitieron los ataques o aceifas en el 855 y 856. Otras tuvieron lugar en el 863 y 865, en ésta última asolaron los hispano-musulmanes la población alabesa de Salinas de Añana.

El año 863 llegó a las fronteras alabesas un ejército de más de 20.000 jinetes debidamente entrenado y dirigido personalmente por el hijo del Dmir Muhammad I. El camino seguido debió ser el de la vía romana por la Llanada Alabesa (después Camino de Santiago). El cronista Ibn Adhari nos cuenta que los musulmanes destruyeron varias fortalezas, devastaron los campos y sembrados de las llanuras. Por el desfiladero, probablemente Pancorbo, los cristianos sufrieron una tremenda derrota en la que perecieron hasta diez y nueve condes y tres grandes alcaides (Joxe Garmendia Larrañaga).

Esa fue la frontera musulmana, pero también la visigoda, fue lo más que conquistaron los hispano-musulmanes de Baskonia y del reino nabarro. La Baskonia musulmana coincide con la goda de Leovigildo (Tomás Urzainqui “Vasconia en el siglo XI”).


Nunca controlaron los musulmanes la actual Alaba y escasamente La Rioja, liberada Rioja Alta por Sancho I Garcés a comienzos del siglo X (Ezcaray-Haro):

“Cuentas la crónicas que ese ramal montañoso que, siguiendo la dirección del Valle, se prolonga desde Logroño a Burandón (Alaba, las mencionadas Conchas de Haro) como un gran mural fue fortificado por el Rey de Nabarra don Iñigo Arista (Eneko Aritza) para impedir el avance de las huestes musulmanas. Una política que luego sería seguida al pie de la letra, e incluso potenciada, por su hijo don García (Eneko Garsea, “el joven”), razón principal por la que ese conjunto de farallones sería denominado a partir de entonces como Sierra de Nabarra”. “Ayuntamiento de San Vicente de la Sonsierra y Gobierno de La Rioja”.

El rey nabarro Eneko Garsea II (860-882, el hijo de Eneko Aritza), cerró Alaba a los musulmanes con los castillos de Zaldiaran y el de la Concha de Arganzón entre otros y no hay constancia cierta de que llegaran a Bizkaia o Gipuzkoa las huestes musulmanas.

“Del mismo modo, queda constancia de que el año 934 no había en toda esa superficie o franja de terreno conocida como Rioja Alavesa ningún poblado de cierta entidad, sino tan sólo Solares que fueron erigidos con permiso de los monarcas nabarros junto con unas tierras anejas que se dedicaban a trajines agrícolas”. “Ayuntamiento de San Vicente de la Sonsierra y Gobierno de La Rioja”.

Por tanto, el territorio alabés se vio en los siglos VIII y IX afectado por numerosas razias enviadas por los emires de Córdoba y los reinos de taifas, pero para entonces los baskones habitantes de la Llanada alabesa, contaban con una estructura militar-administrativa poderosa: un Estado propio, el reino nabarro.

En lo que respecta a la frontera entre alabeses y asturianos:

“Alabanque, Bizcai, Alaone et Urdunia, a suis reperitur semper esse possessas, sicut Pampilona, Deeius est atque Berroza.” Primera mención escrita de Alaba.

“Alaba, Bizkaia, Alaone (Aiala?) y Orduña, siempre fueron poseídas por sus moradores, al igual que Pamplona, Deio y la Berroza”, Crónica asturiana de Alfonso III (866-909), llamada también de Don Sebastián, es la primera mención escrita de Alaba (y de Bizkaia) y es muy clara en relación a la independencia de esas tierras del reino asturiano.

Las crónicas musulmanas diferencian también claramente Alaba del reino de Asturias, lo que refuerza la evidencia de su independencia.

“Es el año 759 cuando Fruela (rey de Asturias) asiste, junto al obispo de Oca, en Valpuesta, a la fundación de un convento de religiosas en San Miguel del Pedroso, en las inmediaciones de Belorado. La vieja región autrigona se halla ocupada en parte por el rey asturiano por haberla conquistado a los musulmanes. En el convento abundan los nombres vascones de las monjas que serían seguramente alavesas, vizcaínas y burevanas: Amunia, Munía, Ximena, Uma, Munoza, Sancha, Auria, Andirazo, Anderkina, Gometiza, etc. Esta región era vascona y se había conservado libre, pues se sabe que los musulmanes no dominaron permanentemente más tierra hacia occidente de Nájera.

No se sabe dónde ocurrió la rebelión de ciertos vascones alaveses cuando acude Fruela (756-768) a reprimirla. Los vence, según la Crónica de Alfonso III, y hace prisionera a una joven, la vascona Munia, de la que tiene a su hijo Alfonso, futuro rey de Asturias. Vascones rebellantes superavit atque edomuit. Muniam quandam adolescentulam ex Vaseonum praeda sibi seruari praecipiens, posteam in regali coniugio copulauit, ex qua filium Adefonsum suscepit.

Que se trata de una alavesa y de Alava se descubre cuando la misma crónica cuenta cómo el rey Alfonso el Casto, hijo de Munia, estuvo refugiado en Alava el año 785 donde los parientes de su madre, porque le habían expulsado del Reino (de Asturias). "sed praeuentus fraude Maurecati, tü sui fzlü Adefonsi maioris, de serua tamen natus, a Regno deiectus apud propinquos matris suae in Alabam commoratus est.

Este documento, nos dice tres cosas: que Munia, calificada antes de vascona, era, además, alavesa; que Alava estaba fuera del Reino asturiano, y que Alava era Vasconia, y, por tanto, su límite más occidental” Joxe Garmendia Larrañaga, “Euskal Herriko Hezkuntzaren Historiarako Dokumentazio Gunea”.

Alfonso III el Magno, s.IX, rey de Asturias, encargó la redacción de la Crónica asturiana mencionada, estaba casado con la princesa nabarra Ximena (hija de Garsea Ximeno, hermano de Eneko Aritza), de la que tuvo un hijo, García o Garsea (“el joven” en lengua nabarra). Alfonso, según la crónica asturiana Albeldense, fue criado por Ismael y Fortún ibn Musa, hijos del gran dirigente de la marca norte musulmana el Banu Qasi Musa ibn Musa, llamado en las crónicas del Alfonso III "el tercer rey de España", pariente y aliado de los reyes de Nabarra como hemos visto.

Asturias con Alfonso III adquirió “Castilla y Territorium portucalense”, que adjuntó a Galicia, León y Asturias-Cantabria. Portugal fue conquistada desde Galicia, el nombre es la síntesis de las dos poblaciones en la desembocadura del Duero.

Asturias con Alfonso III a finales del siglo IX invadió también Alaba hasta casi la puebla de Gaste(b)iz, (que ya aparece en la reja de San Millán 1025), después convertida por el rey de Nabarra Sancho VI el Sabio en la villa de Vi(c)toria (1181), por tanto invadió el territorio alabés al Oeste del río Baias. Baias es, según Koldo Mitxelena, una deformación de “Ibaia”, es decir, de “río”. Alfonso murió destronado por sus hijos y se retiró a su palacio de Bordes para morir luego en Zamora.

La crónica asturiana detalla las tierras conquistadas por los asturianos a los sarracenos o musulmanes pero también a los nabarros: Briones (La Rioja), Alesanco (La Rioja), Revenga, Carbonarica, Abeica (Ábalos? La Rioja), Veleya de Alava (río Zadorra, Noroeste de Vitoria-Gasteiz), Cenicero (La Rioja), Amaya y Miranda (hoy Burgos, pero que perteneció a las Hermandades de Alaba desde el siglo XV) entre otras ya más alejadas de tierras nabarras.

Todas las comarcas alabesas conquistadas por el reino asturiano las resume el historiador bizkaíno A. de Mañaricua: Valdegovía (Gobiaran), Salinas de Añana, Zigoitia, Estavillo (próximo a la entonces recién repoblada Miranda de Ebro), Elorriaga, Ulibarri de Olleros, Gauna, Foz de Arganzón etc. todas al Oeste del río Bayas y de la futura Vitoria (crónica Albense), que parece era la frontera entre la tierra conquistada y la libre. En el caso de Bizkaia, sólo fue ocupado momentáneamente el Oeste enkartado, Sopuerta y Karranza según la mismo crónica asturiana.

Las campañas de Alfonso I, Fruela I, Alfonso III y su hijo Ordoño II (rey casado con la princesa Sancha de Nabarra, después esposa de Fernán González de Castilla) y la documentación que se posee, nos muestra la ocupación del reino astur del occidente alabés, siendo libre, “poseídas por su moradores”, el resto del territorio a lo que podemos llamar Alaba nuclear.

J.M. Lacarra (1971), “Estudios de la historia de Nabarra”: “No hay testimonio alguno que acredite el dominio asturiano sobre estas tierras. En las crónicas de Alfonso III se dice que Alfonso II extendió sus dominios hasta parte de la Rioja y las localidades de las Encartaciones, Sopuerta y Carranza”.


Los condes de Alaba, señores nabarros

El primer conde de Alaba documentado fue Eylon de Alaba (866), descendiente de la familia nabarra de los Belasko, y el segundo, ya bien documentado, fue Bela Jiménez (882), por tanto Alaba estaba integrada en el reino nabarro desde su génesis y recuperará las tierras que le conquistaran los asturianos en los siglos X-XI. En la Crónica Albeldense, escrita en 883, se alude dos veces al “comes in Alava”.

Era conde de Alaba Munio Vélaz en el año 919, probablemente miembro de una familia autóctona: “Aparece como conde de Alava Monnio Vigilazi (Munio Velaz) en la escritura de Valpuesta otorgada el 18 de mayo de 918. Parece ser hijo del conde Vela Semenonis, defensor de Cellorigo. Este Munio es, probablemente, el Momi, Conde de Vizcaya, que figura en la primera genealogía de Meyá y casado con Doña Belasquita, hija de Sancho I Garcés de Navarra”. Joxe Garmendia Larrañaga. Por tanto, puede que con este conde Bizkaia y Alaba estuvieran unidas dentro de la administración por tenencias del reino nabarro.

A Munio Vélaz le siguió Alvaro Herremálliz en el 931, ya sólo conde de Alaba y bien relacionado con la corte del rey nabarro Jimeno Garcés, y, por último, Fernán González (932-970), conde consorte en Alaba, al estar casado con una infanta de nabarra, lo que le daba un fuerte aliado frente al rey leonés. Fernán que era conde de los entonces pequeños condados que acabaron conformando la fronteriza Castilla, se casó en el 932 con una hija de Sancho Garcés I, Sancha, a la que su padre había dado en dote el condado de Alaba sin desgajarlo del reino (“la potestas” o usufructo y no el “imperium” o dominio) y anteriormente casada a su vez con Ordoño II de Asturias.

Fernán González consiguió la independencia de León en el 950, pero el condado alabés siguió siendo Nabarra, que jugaba a desmembrar el reino leonés. Como dice le refranero castellano: “Castilla es un pequeño rincón que tiene Atapuerca como mojón”, el mojón entre Nabarra y Castilla-León es conocido como el Olmo de Burgos (Olmo de Atapuerca).

“(Sancha) Era viuda de Ordoño II con quien había casado en 923 e hija de los reyes de Pamplona Don Sancho I Garcés y doña Toda. Se ignora la fecha de su matrimonio con Alvaro Harrameliz que ya figuraba en 923 como simple testigo de una escritura de donación a Santa Colomba por Ordoño II de León. Debió casarse probablemente a poco de quedar viuda cuando solo llevaba meses de casada. En 929 tenía Alvaro el castillo de Lantarón, cerca de Sobrón, hoy tierra alavesa, pero no entonces, según se refiere en donación de Pando, en Mena o Carranza. A partir de este casamiento comienza a figurar como Conde de Alava bajo el rey de Pamplona. No se sabe cómo pasó el condado alavés de los Velas a Sancha y Alvaro. Según parece del contexto de los hechos, o hubo una suplantación de Vela Muñoz, hijo de Munio Vela y nieto de Vela Jiménez, o el condado no era hereditario sino que se hacía el nombramiento en la Corte de Pamplona”. Joxe Garmendia Larrañaga “Euskal Herriko Hezkuntzaren Historiarako Dokumentazio Gunea” /www.euskomedia.org/aunamendi.

Sancho III el Mayor (1004-35), estaba casado con Munia de Castilla (hermana del conde castellano), separó Alaba de Castilla de nuevo al darle a su hijo Fernando I el condado de Castilla y al conde Munio González el de Alaba (1030-1043); algunos historiadores españoles han querido ver más de lo que hay en esta política Nabarra, olvidándose de que el viejo reino está en su plenitud y que era él el que manda entonces entre los reinos cristianos de la Península Ibérica, siendo Castilla un incipiente y pequeño condado, como tantos otros en la época, y unido por Fernán Gónzalez.

Bajo soberanía nabarra, tenemos al frente del gobierno de Alaba a Munio González, entre 1030 y 1043, que tenía título de conde, del que carece su sucesor Fortún Iñiguez. La tenencia de éste sobre Alaba fue muy breve, pues en 1045 figuraba al frente de la misma el conde Munio Muñoz, probablemente muerto en 1054 luchando en la batalla de Atapuerca entre el rey nabarro García IV el de Nájera y su hermano Fernando, el cual había heredado el condado de Castilla de su madre como hemos dicho, salvo la parte euskaldun o nabarro parlante de las tierras castellanas que quedó dentro del reino, por lo que la disputa entre hermanos quedó servida.

Los condes alabeses eran elegidos por los reyes nabarros, sin que fuera un título hereditario como ocurría en general con el resto de las tenencias (entre 1040-1083, se suceden 7 condes alabeses), marcado además el condado alabés por el hecho de ser tierras gobernadas por condes integrados en los linajes más cercanos a los reyes pamploneses, como tierras fronterizas a vigilar especialmente.

Con Sancho VI el Sabio de Nabarra, la familia Ladrón quedó desplazada del frente del condado al prescindir el rey nabarro de los servicios de Vela Ladrón, hijo de Juan Velaz (tenente de Malvecín o Malmasín, Arrigorriaga –Bizkaia-), en 1179. Sancho trataba de imponer el sistema de tenencias, con tenentes o gobernadores fácilmente sustituibles por el rey: Diego López (1181-1182), Iñigo Oriz (1184-1188), Pedro Ladrón en 1194 y Lope Sánchez en 1195. Siendo en este periodo Alaba y Gipuzkoa una tenencia conjunta.

Sancho VI el Sabio de Nabarra creó las tenencias de alabesas de Zaitegi (1188), Arluzea (1181), Salinas de Burandón (Conchas de Haro) o Portilla, para un mejor control del territorio y de las vías comerciales, fundó villas como la de Vitoria-Gasteiz (1181), Antoñana, Guardia de Nabarra (hoy Laguardia), Bernedo o Santa Cruz de Kanpezo. La mayoría de los fueros de las villas se basan en el fuero dado a los francos de Jaca de 1063, por el rey de Nabarra Sancho Ramiro (línea aragonesa), y en el también nabarro de Logroño de 1095.

En las leyendas alabesas se mantiene el origen nabarro de esas tierras, así la casa familiar de los López de Larrea, señores de Lazarraga y una de las familias más poderosas de la Nabarra Occidental medieval, remontan su linaje a la donación de tierras en Barrundia (Alaba) del primer rey de Nabarra, Enero Aritza en el siglo IX (cosa históricamente posible como hemos visto); un descendiente de este linaje, Juan Pérez de Lazarraga, será uno de los primeros novelistas en euskara según el libro descubierto en el 2004 y donde aparece por primera vez la voz “Euskal Herria”.

“anchinaco liburuetan
çeñetan ditut eçautu
eusquel erriau nola eben
erregue batec pobladu”.
(fol. 18 vlto.)


Conclusión sobre el origen de Alaba.

Durante los siglos VIII-IX el topónimo Alaba puede identificarse, según el historiador J.A. García de Cortázar, con las tierras de la Llanada alabesa, concretamente al norte y este de Vitoria-Gasteiz, coincidiendo, aproximadamente, con la mitad oriental de la denominada «Alaba nuclear».

Tal y como relata César González Mínguez, según aparece descrita en ese documento o cartulario conocido como la “Reja de San Millán” o “Ferro de Alava” del monasterio de San Millán de la Cogolla de 1025, y que, con pequeñas modificaciones, viene a coincidir con los límites que un documento de 1258 especifica para la Cofradía de Arriaga, nos habla de 4.280 fuegos o casas en Alaba, lo que por 5 habitantes aproximados de media, darían unos 21.400 habitantes.

La Cofradía de Arriaga era la unión de las grandes familias alabesas: “Las Juntas Generales de los cofrades se celebraban en el campo de Arriaga (actual parque de Arriaga en Vitoria-Gasteiz, dentro del cual se encuentra la ermita de San Juan de Arriaga, en memoria de aquellas). En estas Juntas se elegía al señor de la Cofradía, se impartía justicia y se trataban los problemas que les concernían como grupo. En definitiva, esta institución refleja la capacidad de autogobierno de una parte del territorio alavés durante la Edad Media. La Cofradía tenía un carácter eminentemente nobiliar, como se constata al repasar la condición social de los cofrades, entre los que hay miembros de la alta nobleza (ricos omes), alto clero (obispo de Calahorra) y baja nobleza (infanzones, caballeros o escuderos). Todos ellos disponían de inmunidad fiscal (hidalguía) que les eximía de pagar pechos o tributos y servicios. Micaela Portilla estudió a estos cofrades, entre los que encontramos a Guevaras, Haros, Mendozas, Hurtado de Mendozas, Velascos, Salazares, Ayalas...” Joxe Garmendia.

La primera vez que se menciona el nombre concreto y la institución de la Cofradía de Arriaga de forma nítida es en un documento de fecha bastante tardía, de 1258. En las crónicas reales puede intuirse su existencia para fechas anteriores, concretamente para los tiempos de los monarcas nabarros Sancho VI el Sabio y su hijo Sanco VII el Fuerte (finales del XII). No obstante, podemos retrotraernos, cuando menos, al año 1060, también dentro del reino de Nabarra. En esa fecha unos barones de Alaba otorgaron su consentimiento para que el monasterio de Huhula, próximo a Salvatierra, se anexionara al de San Juan de la Peña (cerca de Jaca, Aragón pero dentro del reino nabarro entonces). Este documento nos informa de la existencia de una agrupación de señores que bien podría ser el embrión de la Cofradía de Arriaga.

A esta Alaba nuclear se iría sumando una Alaba periférica, constituida por la Tierra de Aiala, más las tierras autrigonas situadas al oeste del río Bayas y reconquistadas desde el siglo X por Nabarra, donde los señores alabeses tomaron parte muy activa (el reino nabarro llegó hasta la bahía de Santander y el Olmo de Burgos, Atapuerca), Rioja alabesa que formaba parte de la Sonsierra nabarra invadida en 1460 e incorporada a Alaba, así como Kanpezo y tierras de Bernedo (montaña alabesa) que se invadieron por las mismas fechas.

En la lucha para defender la Nabarra Occidental, la villa fortificada de Vitoria-Gasteiz al mando del Martín Ttipia, padeció 9 meses de asedio hasta que el hambre hizo presencia, Trebiño y su castillo se resistió 4 años a los castellanos, así como la fortaleza de Portilla cambiada después por Miranda según el historiado coetáneo Rodríguez de Rada.

Los castellanos no consiguieron tomar el castillo trebiñés, pero su difícil defensa rodeado de territorio castellano, hizo que el rey nabarro Sancho VII el Fuerte pidiera un trueque por la fortaleza de Inzura en las Ameskoas (hoy Alta Nabarra). El Señorío de Trebiño fue fundado en el siglo XI por los reyes de Nabarra, y Sancho el Sabio le dio la carta de villa en el 1151, siendo Sancho VII el Fuerte el que mandó construir el castillo ahora destruido, su nombre anterior era el de Uda . Desde entonces Trebiño quedó fuera de Alaba, castigado por la defensa de su nabarridad.

La estoica fortaleza nabarra de Portilla resistente a la invasión castellana, aparece en el escudo de Alaba, remarcando que Alaba era la “portilla” o “puerta” al reino nabarro.






LA NOBLEZA UNIVERSAL Y LA PALABRA DE VASCO

LA NOBLEZA UNIVERSAL Y LA PALABRA DE VASCO
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“El Fuero contiene la parte sustancial y permanente, que no cambia con el tiempo ni las circunstancias, como la defensa del ciudadano con instituciones que les protegen ante las autoridades arbitrarias” Bernardo Estornés Lasa.


Los Fueros no son más que las leyes consuetudinarias basadas en la costumbre como fuente principal de derecho que nos dimos los baskones para nuestra convivencia y que terminaron de desarrollarse bajo el amparo del Estado baskón o reino de Nabarra, es el conocido como derecho pirenaico, que bien se puede llamar nabarro. El rey García en el año 860 concedió el fuero que reconocía la titularidad de las Bardenas reales al valle del Ronkal. Sancho III “el Mayor” otorgó el fuero de villa a Nájera a principios del siglo XI. Poco a poco se fueron escribiendo creando el armazón del Fuero General que estaría completado con Sancho VI el Sabio en la segunda parte del siglo XII.

El uso y la costumbre como fuente principal del derecho es la característica esencial que distingue al Derecho Pirenaico o Fueros “frente” a la ley. Tal y como explica Adrián Celaya Ibarra (Barakaldo 1917- Bilbao 2015) ex catedrático de Derecho Foral en la universidad de Deusto en su libro “Derecho foral y Autonómico vasco”: “Fuero no equivale a ley, porque lo característico del Fuero es precisamente que no es ley creada por un legislador prepotente, ni siquiera impuesta por una mayoría ocasional, sino norma que nace de repetidas experiencias de ámbito popular”.

La igualdad ante la ley que tendrán todos los baskones o nabarros en la Alta Edad Media, se irá deteriorando con la entrada del modelo feudal desde Francia y España, el cual diferencia entre la nobleza y los plebeyos, gentes con derechos o sin ellos. Incluso en la Carta Magna inglesa de 1215 queda muy patente los diferentes derechos de unos y otros, así en sus artículos 21 y 22 dice en latín: “Los duques y barones serán multados únicamente por sus pares y en proporción a la gravedad del delito” y “Toda multa impuesta sobre bienes temporales de un clérigo ordenado se calculará con arreglo a los mismos principios, excluido el valor del beneficio eclesiástico”.

Es así como con la entrada de las familias de origen francés a la corona baskona (s. XIII en adelante), los reyes de Nabarra fueron otorgando títulos de nobleza a individuos concretos o lugares estratégicos por los servicios prestados como a los habitantes de los valles del Baztan (1440), Aezkoa, Ronkal y Salazar en el siglo XIV. Finalmente, todos los alto y bajo nabarros recibieron el privilegio de nobleza universal en los siglos XIV y XV.

En la Nabarra Occidental invadida por Castilla en 1200 ocurrirá otro tanto. Adrián Celaya en otro libro, “Aforados y no aforados de Bizkaia”, comenta que: “En todo lo que afecta al derecho público, los vizcaínos eran iguales, y el derecho más transcendental en esta materia era el derecho de hidalguía, refutado por el Fuero (1526) en su ley XVI del título I con carácter muy general pues afirma que “todos los naturales, vecinos e moradores de dicho Señorío de Vizcaya, Tierra Llana, villas, ciudad, Encartaciones é Durangueses eran notorios hijosdalgos é gozaban de todos los privilegios de homes hijosdalgo”. Ya en el año 1394 la "Hermandad de Bizkaia" declaró a todos los bizkaínos hijodalgos, lo mismo que Gipuzkoa tres años después (1397).

La defensa de las provincias corría a cargo de los naturales, éste también era un elemento importante para conseguir la nobleza universal al ser los labriegos soldados en tiempos de guerra. Hidalgo o “hijosdalgo” significa literalmente “hijo de alguien ilustre”, era una condición honorífica y hereditaria ligada a una posición intermedia en la escala social, situada entre el pueblo llano y la aristocracia; también se los denomina “infanzones”, como los famosos Infanzones de Nabarra o de Obanos.

El medievalista y jesuita burgalés Gonzalo Martínez Díez (1924-2015), demostró en sus trabajos que la mayoría social de Gipuzkoa y Bizkaia del siglo XIII era “hidalga”, incluidos los villanos o habitantes de las villas. La nobleza universal de los vascos es más cierta en esos siglos, al haber más labradores libres "no collazos" (labradores que sirven a otro o a un señor por un sustento) considerándoseles "infanzones".

Con ello, todos los bizkainos, gipuzkoanos y alabeses podía acceder a cualquier cargo público (también en Castilla-España), podían ser mandos militares, no tenían levas forzosas (en teoría, pero la Diputación y las villas sí las mandaban tras petición de la monarquía castellana), no podían ser torturados (con la excepción del tribunal de la Inquisición al ser religioso, lo que explica en parte el tema de la brujería en nuestro país), no podían ser cargados con impuestos arbitrarios etc. Es lo que se ha conocido como “hidalguía universal” que equivalía a ser iguales ante los Fueros o Leyes consuetidinarias. Tras la conquista de Alta Nabarra (1512), sus habitantes mantendrán también la condición de hijosdalgo.

Así se daba la imagen curiosa de ver a reyes de Castilla y luego de España, jurar los Fueros junto a estos “nobles” vascos, que eran poco más que pastores, carpinteros, marineros o ferrones. Hecho que ha marcado, sin duda, la forma de ser del Pueblo vasco.

En la Nabarra continental invadida también a finales del siglo XII por Inglaterra-Aquitania, los habitantes de Zuberoa eran también nobles, tal y como lo escribieron en su Fuero de 1520 ante la llegada de nuevos imperialistas en el siglo XV, los franceses: “Por tradición se conservada y observada desde tiempos inmemoriales, todos los nativos y habitantes de Zuberoa son francos y de franca condición, sin mancha de servidumbre: y nadie puede hacer leva de las gentes que moren en dicha tierra ni exigir ninguna prestación personal ni serna de los dichos moradores ni habitantes ni de ninguno de ellos”. Ocurría de manera similar con los habitantes de Lapurdi y más en Baja Nabarra que aún era libre en esa época y donde el derecho pirenaico del que emanan los Fueros seguía en su plenitud.

Hubo un ferviente empeño para que no se dieran títulos de nobleza entre los naturales, aunque miembros de las poderosas familias vascas lo alcanzaran por servicios a la corona española y francesa. También en el reino propio o corona de Nabarra, existían 12 grandes familias hasta la invasión de 1512, tal y como se recoge en el Libro de Armería del Reino. Todo ello, por supuesto, no es óbice para que hubiera diferencias sociales en base a distinta capacidad económica como ocurre en la actualidad en todo el mundo.

La nobleza universal del vasco es un concepto que se mantenía todavía en documentos oficiales hasta el siglo XVIII y XIX. Por ejemplo, en las Ordenanzas de Bilbao de 1797 se dice: “Por ser importantes que los que han de elegir sepan las cualidades que ha de haber en los que han de ser Electos para gobernar República de tanto lustre, y Nobleza como esta Villa. Ordenaron, que tales tengan veinte y cinco años cumplidos, y mil ducados de hacienda, y de allí arriba; y que sean Hijos-Dalgo; limpios de toda mala raza, de Moros, Judíos nuevamente convertidos, y Penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición”.

La condición de “cristiano viejo” en España o “limpieza de sangre”, se implantó por la corona española en el siglo XV hasta prácticamente el siglo XIX a todos los aspirantes a ocupar cargos administrativos o del ejército. Al ser las tierras Nabarras mayoritariamente libres de la invasión musulmana y totalmente en el caso de la Nabarra Occidental, era relativamente fácil probarlo y conseguir el documento acreditativo. En el sur del país, en la magnífica catedral de Tudela, aún se conserva “la manta” con la lista de los judíos y musulmanes que se cristianizaron (a partir de 1119), de donde viene la expresión “tirar de la manta” o demostrar que los antepasados de una familia cristiana eran en realidad judíos o musulmanes conversos.

La hidalguía universal implicaba también una cuestión nada secundaria, todos los “bizkaínos”, entendiendo como tales a los euskaldunes de cualquier región del Estado de Nabarra fracturado en diferentes territorios pero donde se mantuvieron sus Leyes consuetudinarias, debían de ser juzgados por su Fuero en cualquier parte del imperio español o francés.

Francisco del Canto escribía sobre el señorío de Bizkaia en 1575 en Medina del Campo al Emperador Carlos V de Gante en el documento llamado “El Fuero y Privilegios, franquezas y libertades (1526) de los caualleros hijos dalgo del Señorío de Vizcaya” donde explicaba:  “Otrosí dijeron: Que habían de Fuero y establecían por ley, que por cuanto los vizcaínos son libertados y exentos y privilegiados de su Alteza... y por ser la tierra de trato, y la, gente dada a pleito, y toda tierra de ella troncal y privilegiada, y tal que casi todos sus pleitos se pueden determinar por este su Fuero; (…) Por ende, que ordenaban y ordenaron que ningún juez que resida en Vizcaya ni en la dicha Corte y Chancillería, ni en el Consejo real de su Alteza, ni en otro cualquiera, en los pleitos que ante ellos fueren de entre los vizcaínos sentencien, determinen ni libren por otras Leyes ni Ordenanzas algunas, salvo por las leyes de este Fuero de Vizcaya, los que por ellas se puedan determinar. Y los que por ellas no se pudieren determinar” (García-Gallo “Antología de fuentes del antiguo Derecho”).

Los Fueros estaban por encima incluso de las sentencias legales del rey castellano, como así ocurría en el reino de Nabarra al ser una corona “pactista” con la vieja sentencia de “leyes antes que reyes” (para más información https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/07/leyes-antes-que-reyes.html):


La nobleza conllevaba la "validez de la palabra dada", la famosa palabra de vasco, siempre que se realizase en los lugares convenidos por dos testigos. Servía para retirar una acusación penal leve y cualquier sentencia se suspendía si se daba fianza o se señalaba fiadores; muchas veces bastaba con la palabra del acusado. En el fuero de la tenencia de Durango, por ejemplo, se dice así: "ninguno no sea osado de entrar en la huerta agena, nin llebar hortaliza ninguna agena, et qualquiere que lo hiciere peche 80 mrs (maravedíes) al dueño, et quatro mrs al ortelano, et si el tal fechor negare, jure a la puerta de San Vicente de Yurreta (…)"

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1. INTRODUCCIÓN A LA HIPÓTESIS Y AL DOCUMENTAL
2. HACE 400 AÑOS DE LA PRIMERA HIPÓTESIS DE UNA VASCONIZACIÓN TARDÍA
3. LA HIPOTESIS DE UNA VASCONIZACIÓN TARDÍA EN EL SIGLO XX
4. LA HIPOTESIS DE LA VASCONIZACIÓN TARDÍA, NUEVA VERSIÓN EN EL SIGLO XXI
5. EL CELTISMO EN LA HIPÓTESIS DE LA BASKONIZACIÓN TARDÍA
6. LAS PRIMERAS PALABRAS EN EUSKERA CONTRADICEN LA HIPÓTESIS DE LA “BASKONIZACIÓN TARDÍA”
7. ¿CUÁL ES LA PALABRA ESCRITA EN EUSKERA MÁS ANTIGUA?
8. IRUÑA DE OKA, LA CIUDAD ROMANA DE VELEIA
9. LOS NOMBRES DE LOS PUEBLOS PRERROMANOS DE BASKONIA Y SU IDIOMA
10. LA ARQUEOLOGÍA DESMONTA LA HIPÓTESIS DE LA BASKONIZACIÓN TARDÍA
11. LA SIDERURGIA ALTO MEDIEVAL Y EL HORNO VASCO
12. LA ESVÁSTICA Y EL LAUBURU NO SON CELTAS
13. LO QUE NO ES CELTA EN NUESTRA TOPONIMIA
14. EL ENIGMA DE LOS MAIRUBARATZ, UNA EXPLICACIÓN
15. GÉNESIS DE LA NACIÓN VASCA o NABARRA
16. LA TEMPRANA BASKONIZACIÓN
17. LOS BASKONES DOMINARON A LOS GODOS UNA Y OTRA VEZ

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ANDORRA y EL REINO DE NABARRA

ANDORRA y EL REINO DE NABARRA
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En el pequeño Estado pirenaico de Andorra se habló euskera hasta al menos el siglo XIII, según asegura J. Corominas (Barcelona 1905-1997), el principal y más refutado filólogo sobre esta cuestión: “los nombres de parentesco vasco en el Alto Aragón y en el noroeste de Cataluña se encuentran en masa. Nos dedicaremos a estas comarcas: Ribagorza, Valle de Arán, Pallars, Alto Urgell, Andorra y Cerdaña. En ellas y en Aragón esos nombres (vascos) aparecen en masas tan grandes que ello nos da una sensación de gran seguridad y nos aporta elementos de comparación lo bastante numerosos para quitarnos a menudo todas las dudas”.

Andorra era desde ese el siglo XIII un protectorado de los condes de Foix junto al obispo de Urgell mediante "pareage". En 1278 se ratificó el protectorado compartido, firmaron el mismo el conde de Foix y vizconde del Bearne Roger Bernard III y el conde de Urgell Pedro d ´Urtx. En 1282 el Papa Martín IV emitió una bula de conformidad.

Andorra compartió jefe de Estado con los nabarros al llegar los condes de Foix mediante matrimonio a la corona Nabarra en el siglo XV. Francisco Febo I (1479-1483) era rey de Nabarra, vizconde de Bearne y copríncipe Andorra, Estados igualmente independientes. Enrique III de Nabarra accedió a la corona baskona por su madre Juana III de Albret o Labrit en 1562, pero tras la muerte de una serie de reyes Francia, en 1585 Enrique accedió por vía paterna a la corona Francesa al ser hijo del conde de Vendome, Antonio de  Bourbón. Enrique III de Nabarra era hugonote como su madre y le obligaron a adjurar de su fe y pasarse al catolicismo, de ahí la frase que se le atribuye de “París bien vale una misa”. En el caso de Andorra, la autoridad en la práctica seguía en manos del cercano Obispo del Urgell, por lo que el pequeño Estado mantenían su independencia como lo hacían Bearne y Baja Nabarra.

Enrique III de Nabarra “el bearnés” (Pau 1553-Paris 1610), era apodado en el reino galo “el Grande”, “el buen rey” y “el nabarro”. El testamento de Enrique III de Nabarra y IV de Francia está en los archivos de Versalles. En su testamento, el bearnés deja bien claro que el reino de Nabarra es de sus mayores por vía materna, yendo la sucesión legítima a Isabel de Albret y Foix, hermana de su abuelo el euskaldún Enrique II “el sangüesino”.

El Manifiesto del rey Enrique III de Nabarra y IV de Francia en el año 1607, según el documento del Parlament de Paris A.N. Registre X1A-8646 Fº 43, dice: “(…) por nuestras cartas patentes del 13 de abril de 1590 hemos ordenado que nuestro dominio antiguo tanto de nuestro reino de Nabarra, soberanía de Bearne y de Donezan, país bajo de Flandes que nuestros ducados, condados, vizcondados, tierras y señorías enclavadas en este reino fuese y PERMANECIESE DESUNIDO, distraído y separado de nuestra corona de Francia sin poder entrar comprendido ni mezclado si no es ordenado más tarde (...)”.

El día 19 de septiembre del año 1610, Louis Bourbon XIII de Francia -hijo Enrique III-, educado en la Corte francesa por el cardenal Richelieu, declaró públicamente en los parlamentos de Nabarra y Bearne su negativa incuestionable e irrefutable, de aceptar el rango de príncipe de Biana. Dicho acto, le hizo perder a él y sus descendientes, el derecho a ser monarcas de Nabarra.

Es así como es mismo año Luis XIII emitió el llamado Edicto de Unión, el cual en realidad no fue aplicado de facto hasta 1620 y sólo gracias al ejército francés: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Nabarra y nuestro país y soberanía de Bearne, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen y que han acostumbrado de pertenecer en nuestra corona y dominio de Francia (...)”. El 15 de Octubre de 1620 Luis XIII, rey de Francia (no le corresponde la corona de Nabarra), ayudado por el cardenal Berulle, entró con su ejército en Pau donde se reunían las cortes del Bearne para proclamar la unión a la corona francesa de la corona nabarra y del vizcondado de Bearne.

Los Estados de Nabarra (las Cortes) que se reunían en Donapaleu en Baja Nabarra, rechazaron el Edicto, pero fueron incapaces de hacer frente al poderoso ejército francés. En 1621 en el debate de los Estados de Bearne, acordó por unanimidad declarar “traidores a la patria” a todos los que aceptarán el Edicto de Unión con Francia. Por tanto, ningún nabarro ni bearnés tienen a los borbones como reyes, pues este es un acto de alta traición al Estado baskón de Nabarra, según dictó nuestra jefatura de Estado.

La actual bandera de Andorra tiene todavía en su escudo el de Foix y las vacas del Bearne junto con la bandera aragonesa-catalana y la mitra y báculo del obispado de la Seu de Urgell, siendo copríncipes el obispo de la Seu de Urgell y el Presidente de la República francesa como "señor de Foix", pero que lo es cuando usa los derechos usurpados mediante la ocupación armada del reino de Nabarra y vizcondado de Beárn, los únicos herederos legítimos de los condes de Foix.

Andorra cuenta con menos de 65.000 habitantes. Su Constitución, aprobada en referéndum en 1993, es una actualización del derecho pirenaico que sigue por tanto en pleno vigor y en su máxima expresión como ley de un Estado independiente como lo era en Nabarra y de donde vienen nuestros Fueros.

Tras esta breve explicación, es curioso ver el miedo que tienen los historiadores españoles al reino de Nabarra, observen la diferencia con la Widipedia escrita en francés, inglés o en catalán sobre este pasaje de la historia de Andorra (y de la nuestra) y el ocultamiento o el eufemismo común sobre el Edicto de 1610, donde la acción armada de la toma de los parlamentos de Nabarra y Bearne ni se menciona.

Wikipedia en castellano: “En 1610, el conde de Foix Enrique II (sic., evitando así decir que era Enrique III de Nabarra, Estado soberano frente al condado de Foix subordinado a Francia y por tanto un título de rango inferior) asume la corona francesa y, desde entonces, los jefes de Estado serán el Obispo de Urgel y el Rey de Francia, en la actualidad, el Presidente de la República Francesa”.

La Wikipedia en francés sí dice que era Enrique de Nabarra y copríncipe de Andorra: “Les années passant, le titre fut transmis aux rois du royaume de Navarre puis au roi de France Henri IV de France. Un édit établit le chef de l'État français et l’évêque d’Urgell comme co-princes de l’Andorre en 1607”. 

El texto de la Wikipedia inglés sobre estos hechos es similar: “Over the years the title passed to the kings of Navarre, and after Henry of Navarre became King Henry IV of France he issued an edict (1607) that established the head of the French state and the Bishop of Urgell as co-princes of Andorra.” (Con los años el título pasó a los reyes de Nabarra, y después de que Enrique de Nabarra se convirtiera en el rey Enrique IV de Francia, publicó un decreto (1607) que estableció al jefe del estado francés y al obispo de Urgell como co-príncipes de Andorra).

En la wikipedia en Catalán: “Els andorrans continuaren prestant homenatge i pagant els tributs de vassallatge als successors dels comtes de Foix, els prínceps de Borbó, titulars de Navarra, els quals mai no deixaren d'incloure Andorra entre els països sotmesos a llur sobirania. Després, els drets de la casa de Foix passaren a la corona francesa, i per tant el rei de França esdevingué el copríncep d'Andorra” (Los andorranos continuaron prestando homenaje y pagando los tributos de vasallaje a los sucesores de los condes de Foix, los príncipes de Borbón, titulares de Nabarra, los cuales nunca dejaron de incluir Andorra entre los países sometidos a su soberanía. Después, los derechos de la casa de Foix pasaron a la corona francesa, y por lo tanto el rey de Francia se convirtió en el copríncipe de Andorra).

No es menos significativo y muy triste el desconocimiento de nuestra historia y de las leyes o cultura común andorrana-nabarra en la versión en euskera de la Wikipedia, donde nada se dice al respecto (por otra parte, es la peor entrada documental de todas, las cuales son muy parecidas entre sí), haciendo además una comparación de Andorra con Gipuzkoa que parece más propia de un bilbaíno del centro del Botxo (https://eu.wikipedia.org/wiki/Andorra):

"Andorra edo Andorrako Printzerria ekialdeko Pirinioetan kokatutako herrialde txikia da: ia 468 km² ditu hain zuzen, Gipuzkoaren laurdena, gutxi gorabehera" (Andorra o Principado de Andorra es un pequeño territorio situado en el Este de los Pirineos: tiene casi 468 km², más o menos la cuarta parte de Gipuzkoa).

Es incluso peor la entrada sobre la historia de Andorra en euskera (https://eu.wikipedia.org/wiki/Andorrako_historia) que también ignora todo lo mencionado y se limita a decir que:

"XIII. mendetik hasita (1278), Foixko kondea (gero Frantziako erregea, eta azkenik errepublikako lehendakaria) eta Urgellgo Apezpikua izan dira Andorrako printzekideak edo estatuburuak" (Desde el siglo XIII -1278-, el conde de Foix -luego el rey de Francia y finalmente el presidente de la República- junto con el el obispo de Urgell, eran los copríncipes de Andorra o jefes de Estado).

Nada sobre la corona de Nabarra ni sobre Enrique III. Ni siquiera los que escriben la Wikipedia en euskera son capaces de reconocer un "Batzarre" o Concejo del derecho pirenaico: "Barne arazoen ardura aukeratutako kontseilu nagusi baten esku uzten zen" (Se dejaba la responsabilidad de los problemas internos en manos de un electo Concejo supremo). 

Cuanta razón tenía Juan Iturralde y Suit (Pamplona 1840-1909 Barcelona), fundador de la Asociación Euskara de Nabarra cuando decía que: “un Pueblo que a sí mismo se ignora, es como si no existiera” y si uno mismo no conoce ni reivindica su historia menos lo van a hacer los demás.

SOBRE LA LEYENDA DEL PRIMER SEÑOR DE BIZKAIA

SOBRE LA LEYENDA DEL PRIMER SEÑOR DE BIZKAIA
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El Catedrático, arqueólogo, historiador y académico de número de la Real Academia de la Historia de España, Martín Almagro Gorbea (Barcelona 1946), al ingresar como miembro de número en la Real Academia de Doctores de España (RADE), ha leído un discurso bastante extraño (por ser prudente), que lleva por título “Las raíces celtas de la literatura castellana”. En él afirma el barcelonés que mediante la transmisión oral, la cultura celtíbera 1.500 años después de su desaparición "Su influencia es evidente en libros de caballerías que inspiraron la obra máxima de nuestra literatura, Don Quijote de la Mancha, cuyas remotas raíces celtas tantas veces pasan desapercibidas".

En lo que respecta a los vascos, hace una afirmación también extraña, “Diversos relatos histórico-míticos sobre el origen de los señores de Vizcaya confirman el profundo carácter celta del País Vasco, que conservó hasta la Alta Edad Media la tradición épico-histórica hispano-celta, como evidencian los protagonistas, la trama y numerosos detalles, según ha explicado el nuevo académico de la RADE. Del personaje heroico histórico-mítico, fundador de una dinastía y de un pequeño Estado existen varias versiones, como Froom, Juan Zuria o Diego López, Señor de Vizcaya, quienes, en su época, serían considerados como un rikx o rey celta, pues se asocian a ritos de entronización real relacionados con el Árbol de Guernica, característicos de la ideología y la religión celtas”.

¿Qué podemos decir al Sr. Almagro sobre la leyenda de Jaun Zuria? La leyenda es tardía, bajo medieval y no alto medieval (del siglo XIV), por tanto tiene relación con el más que posible contacto entre baskones del ducado independiente de Baskonia de la comarca de Bizkaia con vikingos o gentes de Escocia y el árbol Malato (no el árbol de Gernika), de ahí una remota y rebuscada conexión con el mundo celta por lo que el Sr. Almagro parece que ha superado en imaginación al mito original.

La leyenda de un primer señor de Bizkaia al que llamaron Juan Zuria (el Señor Blanco) sitúa a este caballero en el siglo IX como hijo de un normando. La leyenda es recogida por primera vez por el literato Pedro de Alfonso (1288-1346), Conde de Barcelós, en su libro "Nobiliario de Linajes" ('Livro das Linhagens'), el cual era hijo bastardo del rey Dionis de Portugal así como amigo de la casa López de Haro. Por tanto, la leyenda aparece escrita más de tres siglos después de los supuestos sucesos. Según el historiador Andrés de Mañaricúa, el Conde de Barcelós conoció la leyenda cuando fue desterrado a Castilla donde se hizo amigo de don Juan Núñez de Lara, Señor de Bizkaia tras su matrimonio con doña María Díaz de Haro. 

Las siguientes dos versiones de la leyenda son del primer historiador bizkaíno, el banderizo muñatón Lope García de Salazar en "Crónicas de Vizcaya" del año 1454, por tanto conocedor de lo escrito por el Conde de Barcelós. El propio banderizo García Salazar escribe después una tercera versión de la leyenda de “Jaun Zuria” en su obra "Bienandanzas e Fortunas" (1471).

Según explica el euskaltzain Juan Manuel Etxebarria Ayesta, la primera versión, la del Conde Barcelós, dice: "Biscaya fue Señorio aparte antes que huviesen Reyes de Castilla i después estuvo sin Señor. Avia en Asturias el conde don Moniño, que vexando a aquella tierra le obligó a pagarle cada año una vaca, un buey i un cavallo blancos. Poco después deste acuerdo llegó allí, una nave, en que venía un hombre bueno, hermano del rey de Inglaterra, expulso de allá; y se llamava From: traía consigo a Fortun Froes su hijo”.

Por su parte, García Salazar en "Crónicas de Vizcaya" introduce, un siglo, después muchos más detalles, algunos contradictorios:"Una hija legítima del Rey de Escocia arribó en Mundaca en unas naos y vinieron con ella muchos hombres y mujeres...y aquí [en Mundaca] se dice que esta doncella se preñó, y que [por eso] la dejó en destierro su padre, y que la dejaron en Mundaca aquellas gentes que con ella vinieron y que se tornaron para Escocia con sus naos salvo algunos que quedaron con ella" (…) "Que cuando el [rey] de Escocia padre de esta doncella murió (que fincó un su hijo por rey) [hizo rey a su hijo] y que [por] esto su hermana no quiso quedar[se] en el reino y que tomó aquellas naos...y que arribó allí en Mundaca...y que las naos se tornaron para Escocia y la infanta con las más de las gentes se quedó allí [en Mundaca] y que hicieron alli su puebla. Y que estando allí...durmió con ella en sueños un diablo que llaman en Bizcaya Culebro, Señor de la casa y que la empreño...y parió un hijo, que fue mucho hermoso y de buen cuerpo y llamáronle don Zuria, que quiere decir en castellano don Blanco...".

En su segunda obra "Bienandanzas e Fortunas" (1471), Lope García de Salazar añade, sobre sus primeras dos versiones, algún detalle más: “Seyendo este don Çuria ome es/ forçado e valiente con su madre allí en Altamira cavo Mondaca en edad de XXII años entró vn fijo del Rey de león con poderosa gente en Vizcaya quemando e Robando e matando/ en ella porque se quitaran del señorio de Leon e llegó fasta Baquio”.

Podemos resumir así el comienzo de la leyenda: el rey Alfonso III de Asturias-León quiso guerrear con los bizkaínos para dominarlos, pues no se sometían y mandó a su hermano Ordoño a la cabeza de su ejército; como los bizkaínos no tenían un dirigente de noble cuna, el rey asturiano no quería comenzar la batalla. Los bizkaínos nombraron Señor para la guerra a From, hijo del rey normando (vikingo) de Inglaterra que había llegado a las costas bizkaínas; otra versión habla de la hija del rey de Escocia que llega a Mundaka embarazada de un rey normando conocido como “culebro” (Sugaar en euskera) y que parió a un hijo, que por su blancura fue llamado “Jaun Zuria”, “El Señor Blanco”.

En la Wikipedia se comenta incluso una versión más y con nuevos detalles contradictorios: “Jaun Zuria era un príncipe heredero irlandés que se llamaba Lemor MacMorna. En un accidente de caza mató al rey, su padre, por lo que perdió el trono y fue obligado a exiliarse en una pequeña embarcación, llegando a Mundaka con dos de sus sirvientes. Allí fue recibido por el rey Lekobide, con cuya hija se casó. Las tropas asturianas atacaron Vizcaya, y Lemor luchó contra ellas, venciéndoles en Padura. Por ello recibió el nombre de Jaun Zuría”.

Hay incluso más versiones, Antón Erkoreka sintetiza un extenso artículo del mundakés Jon Bilbao en su obra "Los Vikingos en Euskal Herria", donde dice textualmente: "Jon Bilbao (1982) en un sugestivo e interesante estudio sobre la figura mítica del primer señor de Bizkaia, Jaun Zuria, es el primero en plantear una sólida hipótesis de trabajo que se apoya en una investigación previa de Smyth (1977) “Los reyes escandinavos en las Islas Británicas desde el año 850 al 880”, publicados por la Universidad de Oxford. Según Jon Bilbao (1982, 253) "en la segunda mitad del siglo IX se establece en la ría de Mundaka una base vikinga que tiene relación con los reyes vikingos de Dublin: Olafrel u Olafr el blanco e Ivarr el Culebro”. Por tanto, según el historiador Jon Bilbao, ambos personajes del mito de Jaun Zuria coinciden con los reyes normandos-vikingos que gobernaban Dublín por esos años, 850-853, Ivarr “el Culebro y Olafr “el Blanco” (Olafr inn hvíti e Ivarr inn beinlausi 850-873).

Antón Erkoreka sitúa la morada de Jaun Zuria en la torre de Montalbán en Mendata y en el barrio Altamira de Busturia en la torre Torrezarreta (siguiendo a Lope García de Salazar). Mundaka (“Munaca” en los primeros documentos) es la anteiglesia que ocupó el asiento y voto número uno en las Juntas Generales de Bizkaia; de las primeras reseñas históricas que se tiene sobre este municipio, sería precisamente la existencia del palacio Altamira, la leyenda de Jaun Zuria y su madre escocesa. No hay restos de Bizkaia ni en toda Europa de naves o asentamiento vikingos o normandos, aunque es probable que hicieran incursiones por tierras bizkainas desde su base en Baiona.

Otra versión oral habla de que en la lucha destacó “por su bravura entre los vizcaínos el joven noble Lope Fortún de Mundaca, hijo de una princesa escocesa y de un noble de Mundaca. Después de la batalla, los vizcaínos aclaman a este noble, y en 888 le nombran su Señor, siendo el primer Señor de Vizcaya bajo el nombre de Señor Blanco (Jaun Zuria)”. Así, este mítico Froom de la leyenda del conde Barcelós, sería para el historiador Ibargüen el noble Lope Fortún, llamando por su blancura Jaun Zuria, que estaría casado en primeras nupcias con doña Iñiga, hija del conde don Cena y en segundas nupcias con Dalda Estíguiz, hija del Señor de la Merindad de Durango Sancho Estíguez Ortúñez (todo según Ibargüen).

Parece, sin embargo, más verosímil el cometario de Tomás Urzainqui en su libro “Nabarra, sin fronteras impuestas”, el cual señala: “(…) a tenor de la genealogía de Lope García de Salazar, la princesa de Escocia correspondería a la princesa Nabarra Belasquita, hija del rey Sancho I y de la reina Toda –como dice el Códice de Roda-. Y según la genealogía del conde de Barcelós, portugués, el “duende-casa” (como se le llama también al padre de Jaun Zuria) que la fecundó habría sido el primer señor de Vizcaya (tenente), que no es otro que el nabarro Fortún Galindones, tenente de Nájera y tercer esposo de la princesa Belasquita, según nos descubre el mismo Códice de Roda. El afán genealogista de dar antecedentes ilustres y exóticos a las familias gobernantes, unido al juego de las etimologías, convirtió a Belasquita o Belascota (Bela-Scota) en princesa escocesa, al conde Mome en “duende-casa” (en euskera “momo” es fantasma), y a Fortún Galindones en príncipe galés (viendo en Galindones la raíz galen o galense, Gales)”.

Belasquita y Momo (llamado también Don Manso, Munio o Nuño) tuvieron tres hijos varones: Aznar, Lope y Sancho, de apellido Momiz todos ellos, y una hija, de nombre Belasquita, como su madre. En una de las dos tumbas con inscripciones del siglo IX halladas en Argiñeta (San Andrés de Etxebarria, anexionado a Elorrio en 1630), tras ser recuperadas de los alrededores junto a otras posteriores, aparece la inscripción de Momo, datado en la era 921 que corresponde al año 883 -según el cómputo actual-, de la que nada más se puede afirmar, pues Momo con sus posibles variantes era un nombre muy común, tal y como recoge Andrés E. de Mañaricúa: Munio, Mome, Momi, Meme, o Munioz, Monioz, Munoz, Nuño etc.

La única documentación escrita, nos habla de la Torre de Madariaga de la familia oñacina del mismo nombre, que está situada en lugar predominante en una loma desde la que se dominan amplias perspectivas como el estuario de a ría de Mundaka-Gernika o Urdaibai, la cual es muy apta para ejercer el control físico del territorio y su explotación económica, y que podría ser una de las casatorre originaria de los primeros gobernantes bizkaínos dentro del reino de Pamplona-Nabarra; se sabe que en el año 1070 Iñigo López, señor de Bizkaia bajo el reino de Pamplona-Nabarra y su mujer la princesa nabarra doña Toda, donaron al monasterio nabarro de la Rioja de San Millán de la Cogolla en sufragio de su hijo Sancho Iñiguez: “in Gorrikiz illos palacios de Madariaga cum ovni pertenentia, terras, et manzanares (…)” (los palacios de Madariaga con sus pertenencias, tierras y manzanares). En Gorrikiz, hoy Gorritiz, llamada también Torre de Urdaibai, del reloj o del “perejil” (“Gernikazarra historia taldea”).

La leyenda sobre Jaun Zuria continúa con una batalla que habría tenido lugar en Padura sobre el año 870, en el pueblo de Arrigorriaga, “pedernal de piedras rojas”, se habría llamado así tras esta batalla por la sangre derramada, aunque la traducción es también parte de la leyenda; tampoco parece acertada la posibilidad que se deba el nombre a las minas de hierro de Ollargan que convertirían las piedras de la zona en rojas o “bermejas” como dice el conde Barcelós, pues son bastante lejanas al centro del municipio. Lo más probable es que el topónimo “Arrigorriaga” sea “pedernal de piedras peladas”, ya que “gorri” en euskera se puede traducir también como “pelado” (como el monte Aitzgorri entre Gipuzkoa y Alaba), pues la Iglesia Parroquial de Arrigorriaga, Santa María Magdalena, está sobre un montículo de piedras cercano al río y pelado de vegetación.

La batalla la ganaron los bizkaínos, que persiguieron a los astur-leoneses hasta el árbol en Luyando Malato (una encina), a 2 leguas de Arrigorriaga, donde clavaron sus armas. Desde entonces los bizkaínos defenderán ellos su territorio hasta este árbol y a partir de allí como mercenarios a sueldo.

El padre Manuel Larramendi (1690-1766) y después el escritor bizkaino Antonio Trueba (1816-1889), dicen que la palabra Malato es en verdad Malastu (lozanía), pero el mismo Trueba señala que es más probable que signifique “malatus” enfermo (o incluso "leproso"), justo lo contrario, pues en algunos textos se habla de que está seco o que sólo le quedan las raíces, así en las Crónicas de Lope García Salazar del siglo XV se le llama "árbol gafo", es decir, encorvado. El árbol malato se replantó en 1729 y se puso una lápida en el lugar.

La tumba del príncipe asturiano Ordoño sería según la tradición la que está en el pórtico de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Arrigorriaga, profanada hace dos siglos por las tropas napoleónicas en busca de tesoros, pero sólo aparecieron unos huesos y una espada hoy desaparecida; según el historiador Andrés de Mañaricua, sería la espada de un soldado que estaba haciendo el Camino de Santiago sobre el siglo XIV, debido a la indumentaria que se describe del caballero con la Cruz de Santiago en el pecho.

En unos versos épicos medievales anónimos recogidos por Juan Gorostiaga en la obra "Épica y lírica vizcaína antigua" publicada en 1952, se dice:

"Odoldurik heldu guiñan
mallatu arbola onetara
eta urren datozenak bere
alan ikusiko gaitubela"

(Cubiertos de sangre llegamos a este árbol Malato y los próximos que lleguen nos verán del mismo modo)

El último gran historiador vizcaíno, Andrés de E. Mañaricua, sin embargo, considera la leyenda de Jaun Zuria cuentos familiares de la Casa de Haro.


Conclusión sobre la leyenda de Jaun Zuria

Una tradición oral parecida a la Batalla de Padura y mucho más desconocida, es recogida por el historiador bizkaino Juan E. Delmas (s.XIX) y da cuenta de una batalla en la comarca de Lea-Artibai en el siglo X, en la pequeña anteiglesia de Ibaibaso, en la que los bizkaínos habríamos infligido una severa derrota a los "franceses" (a los francos lógicamente), desde entonces este pueblo se llamaría Gizaburuga, "lugar de los hombres sin cabeza".

Estas leyendas, en general, nos hablan de que la defensa del territorio bizkaíno en la Alta Edad Media probablemente se ejercería como en la Edad de Hierro (1.000 a.C. al siglo I a.C.), mediante las familias lugareñas cabeza de linaje, con ciudades amuralladas o simples poblaciones a media ladera a donde vuelven los bizkaínos tras la caída del Imperio Romano Occidental -que los bajó al llano para su mejor control-. Lugares de gran visibilidad que permitían prevenir mejor las acometidas de los bárbaros entre los que estaban los hérulos y los vikingos que devastaban la costa cantábrica e incluso llegando al mar mediterráneo, ciudades o poblaciones confederadas y reforzadas, ya que la costa bizkaína y gipuzkoana era la más interesante dentro del “salto vasconum”, incluido Busturia (“Bost-uri”, Cinco Ciudades según K.Mitxelena, topónimo atestiguado desde 1051).

Estas poblaciones servían como defensa del territorio, nombrando un jefe o caudillo en cada ocasión, el más poderoso del momento dentro de las grandes familias, lo que explicaría la leyenda de “Jaun Zuria”, al no tener los bizkaínos un verdadero “Señor” o soberano permanente desde la caída del duque baskón Waifre en el año 768 hasta su incorporación al reino de Pamplona-Nabarra, probablemente a comienzos del siglo X o finales del siglo IX, que ya se había constituido como un Estado pleno tras la Segunda Batalla de Orreaga en el 824 con el veterano líder Eneko Aritza como el primero de una nueva dinastía real baskona, la pirenaica.


NABARRA FUE EL PRIMER ESTADO EN PROCLAMAR LA LIBERTAD DE CULTO (1564)

NABARRA FUE EL PRIMER ESTADO EN PROCLAMAR LA LIBERTAD DE CULTO (1564)
Aitzol Altuna Enzunza

“Nabarra fue el primer laboratorio de observación y aplicación del maquiavelismo” Manex Goyhenetche, doctor en historia.

La libertad en la que vivía Nabarra en los siglos XVI-XVII reducida a la merindad de ultrapuertos, molestaba a los integristas religiosos de aquellos siglos: España y Francia, los “Reyes Católicos” y “los Reyes Cristianísimos” respectivamente, según los títulos otorgados por el emperador espiritual del Vaticano. El coetáneo a los hechos, Nicolás Maquiavelo (1469-1527), en su famoso libro “El príncipe”, escribía sobre Fernando II de Aragón “el Falsario” y la invasión de Nabarra de 1512: “Para poder llevar a cabo empresas mayores, siempre sirviéndose de la religión, recurrió a una devota crueldad (…). El rey de España ha querido fortificarse en el reyno de Navarra, que ha conquistado y cuya posesión deseaba”.

Desde que Constantino I el Grande en el año 313 legalizara para todo el Imperio Romano el cristianismo y el Edicto de Tesalónica del emperador Teodosio en el 380 lo impusiera como único culto religioso, el papado y la Iglesia fueron instituciones paralelas a los propios Estados que se fueron creando en el occidente europeo tras la caída de Roma a manos de los Pueblos bárbaros. Era la “teoría de la dos espadas” implementada por el pontífice Gelasio I en el siglo V, por la que había dos grandes poderes, uno temporal y otro espiritual. El primero era el de los monarcas y estaba supeditado al segundo que era el de los papas. Así se creaba la ficción de la continuidad del Imperio Romano Occidental, aunque algunos monarcas aspiraron a juntar de nuevo los dos poderes, como fue el Sacro Imperio Romano Germánico o Primer Reich encabezado por el franco Carlomagno, pero su derrota a manos de las tropas baskonas el 15 de agosto del año 778 paró sus ansias imperialistas en el río Garona y al sur del Pirineo oriental.

Esta situación de las “dos espadas” se prolongó durante toda la Edad Media, eran épocas de Cruzadas contra los reinos musulmanes que acabaron en Asia con la toma de la capital del Imperio Romano Oriental a manos musulmanas del Imperio Otomano (Constantinopla-Estambul 1453) y en la península ibérica con la toma del reino de Granada por los ejércitos cristianos de una incipiente España (1512), hechos que han marcado la frontera de las dos grandes religiones “del libro” hasta el presente.

Tempranamente, Nabarra quedó cuestionada por la Iglesia católica cuando los infanzones nabarros se alzaron en 1134 contra el testamento que había escrito durante la recuperación de Baiona su rey Alfonso I “el Batallador”, por el cual, el reino baskón quedaba en manos de las órdenes religiosas (el Vaticano). Así es como los infanzones nabarros, nombraron a uno entre ellos como nuevo rey, llamado Garçea Ramírez “el Restaurador”. Este hecho sin precedentes cuestionaba el poder papal, por lo que durante un tiempo los reyes de Nabarra no fueron admitidos por el Vaticano más que como “dux”. Esta situación duró hasta las Navas de Tolosa del año 1212, donde Sancho VII el Fuerte volvió a regañadientes al redil vaticanista y luchó, aliado con los otros reyes católicos peninsulares y mercenarios europeos venidos de todas partes, contra el infiel musulmán. Su participación fue precisamente a cambio de su reconocimiento como rey por el Vaticano y la reinstauración del reino recientemente ocupado en su parte occidental, donde el castellano Alfonso VIII se valió del cuestionamiento papal sobre la soberanía del reino para “obtenerlo” y “adquirirlo”, según las palabras de su escribano Ximénez de Rada.

La libertad religiosa no fue posible en Europa hasta el siglo XVI y fue precisamente Nabarra el primer Estado donde oficialmente se practicó. Hasta la conquista de 1512-24, los ritos paganos precristianos de la religión vasca pervivieron libres de la Inquisición Vaticana sincretizados dentro del cristianismo. La libertad de culto aunque no era oficial, alcanzaba a judíos y a musulmanes, siendo el reino baskón refugio de muchos huidos de la persecución que padecían en Castilla (Edicto de Granada de 1492). Esta laxitud en cuestiones religiosas era una realidad que no existía en los reinos circunvecinos, lo que provocaba el rechazo de papas y de muchos integristas católicos. La falsas bulas acuñadas por Fernando “el Falsario” contra los reyes de Nabarra por su relación con los “cristianísimos” reyes de Francia a los que acusaba de permitir o flirtear con el protestantismo, sólo buscaban fingir el consentimiento del Vaticano, el rey espiritual, en la brutal conquista y el magnicidio posterior contra los nabarros de los españoles con sus temidos tercios imperiales.

Muerta su primera esposa en 1504, llamada Isabel I de Castilla “la Católica”, se casó Fernando II de Aragón el Falsario al año siguiente con la francesa Germana de Foix, pariente de los reyes de Nabarra y 45 años más joven que él. Tras la conquista de Nabarra, el rey católico Fernando el Falsario y su mujer Germana de Foix, introdujeron el integrismo religioso y la persecución política contra los antimperialistas que defendían el reino mediante la Inquisición Española (creada por los “Reyes Católicos” en 1474), ya que los tribunales civiles alargaban los procesos y ponían en peligro el veredicto. Es así como la familia de los agramonteses padeció incluso la quema en la hoguera de sus miembros, al ser más fácil juzgarlos por herejes que como rebeldes por defender la soberanía del reino baskón frente al imperialismo español.

El último rey de la Nabarra libre peninsular, el euskaldun Enrique II de Albret “el sangüesino” (1503-1555), estaba casado con la infanta francesa Margarita de Nabarra (1492-1549), la gran reina del renacimiento y del libre pensamiento, además de una gran escritora, con la que tuvo a la reina Juana III de Nabarra, pues en Nabarra no había “ley sálica” y las mujeres podían reinar en el pequeño reino nabarro, unido a los Estados de Bearne y Andorra que configuraban la corona nabarra (además tenían otros títulos nobiliarios por tierras baskonas de Tartas, Marsan, Bigorra y Albret, pero dependientes del rey de Francia).

La reina Juana III de Albret o Labrit (1528-1572), empezó la reforma protestante mediante las ordenanzas de Nerac de 1560. En esta reforma de Nerac de la reina Juana, se establecía elementos tan revolucionarios como el uso a horas diferentes de las iglesias, donde hasta entonces sólo se procesaba el culto católico, por protestantes y católicos. Nerac era la capital del señorío de Albret, Gascuña (antiguo territorio nabarro y del ducado de Baskonia), territorio originario de los últimos reyes de Nabarra, que en esos tiempos hacía de corte del reino, alejada del peligro español, y donde refugiaron Margarita y después Juana a todos los librepensadores que huían del integrismo católico francés, como Marot, Lefèvre d’Etaples, Rabelais, Calvino o los libertinos espirituales, tal y como lo explica el doctor en historia Jon Oria en su libro “Calvino y la Corte de los Labrit de Navarra”. Decía la Reina Juana III: “Para lograr libertad de conciencia para todos, estoy dispuesta a la buena batalla y a no regatear esfuerzos. La causa es tan santa y sagrada que yo creo que Dios me fortalecerá con su poder (…). Porque es ya el tiempo de salir de Egipto, atravesar el Mar Rojo, y rescatar a la Iglesia de Cristo de en medio de las ruinas del trono de toda soberbia, la inmoral Babilonia”.

En el libro “El reino de Navarra en su encrucijada”, el gipuzkoano José María Olaizola escribía a finales del siglo pasado cómo se produjo la conversión de la soberana: “El año 1560, en la cena de Navidad, la reina Juana abjuró en Pau de la religión romana e ingresó en la Reforma (…). No así su marido Antonio de Borbón, conde Angulema, que llegó a traicionar a su mujer entregándosela al rey español Felipe II y a los católico romanos a cambio de ser nombrado rey de Alta Navarra, tras adjurar de su esposa y casarse con María Estuardo de Escocia en la isla de Cerdeña. Pero murió Antonio en 1562 sin que se cumplieran lo acordado. Felipe II planeó invadir Baja Navarra, el Beárn e incluso los territorios en manos de Francia de Juana III, para lo que pidió su excomunión al papa Pío IV (1559-1565): “Nos la declaramos inhábil para conservar el reino de Navarra, el principado de cualquier Estado, de cualquier dominio, el que sea (…) que sean y puedan ser dado a los que convenga mejor a sus Santidad (…)”.

Su esposo el duque de Vendome y primer Borbón en acceder a una corona, intentó por tanto asesinar a la reina Juana por orden del nieto de Fernando el Falsario, el rey español Felipe II; curiosamente el rey Habsburgo o Austria con el que estuvo prometida Juana antes casarse con el Borbón. El francés Borbón y el germánico Austria, pese a su inmenso poder, no pudieron con la que llamaban de forma despectiva “vaca”, pues al nacer la Corte española exclamó: “La oveja (Margarita) ha parido la vaca (Juana)”, en referencia burlesca a las dos vacas pirenaicas del escudo de Bearne.
En 1564 dio la reina baskona el paso definitivo al otorgar la libertad de conciencia a ambas comunidades religiosas y, por tanto, proclamó la libertad de culto por primera vez en un europeo tras casi 1200 años de integrismo religioso: “Todos nuestros súbditos podrán vivir con libertad de conciencia, indiferentemente de la calidad y religión que posean (…) hemos tenido siempre la intención y voluntad de conservarlos y mantenerlos en una tal libertad y protección, tanto de personas como de bienes, que no fueran de un lado ni de otro forzados sin razón”. Era una revolución religiosa que tocó los cimientos de los grandes Estados europeos y que provocó una reacción similar a la que después logrará la Revolución Francesa.

Estas medidas que conllevaron a decretar finalmente la libertad de culto, provocaron una lucha intestina que duró veinte años con los católicos habitantes de Zuberoa, pertenecientes al vizcondado del Bearne, y que se extendió a Francia en las llamadas “Tres Guerras de Religión” (1562-1570 que acabaron con La Paz de Saint-Germain de Laye). El ejército francés llegó a invadir Baja Navarra en persecución de los hugonotes o calvinistas y la reina les hizo frente tras vender sus joyas para lograr un ejército de mercenarios y mantener la libertad del, para entonces, muy mermado reino nabarro.
La reina Juana decretó en 1571 la reforma calvinista como religión de Estado en Baja Navarra y el Bearne. En ese mismo año el cura labortano de Beraskoitz Joanes Leizarraga, por mandato de la reina Juana III de Albert y el sínodo de Pau (capital de Bearne y último emplazamiento del parlamento nabarro), tradujo el Nuevo Testamento al euskara en su versión protestante, tomando para su traducción la versión griega de Erasmo de Rotterdam y publicándolo en la Rochelle. Pocos años antes, la reina baskona había mandado traducir al dialecto bearnés del gascón el catecismo de Calvino (1563) y construir la academia protestante de Orthez (1566 Bearne).

Perseguida por la inquisición católica y por el rey de España, fue probablemente asesinada (envenenada) y enterrada en Vendome, a pesar de que en su testamento dice que debe de ser enterrada en la catedral de Lescar junto a su familia, antes de ser finalmente trasladados sus restos mortales en la catedral de Iruña-Pamplona como fue su deseo y antes el de su padre, donde deben reposar todos los reyes y reinas de Nabarra tras su recuperación por el Pueblo nabarro de su soberanía de las garras del imperialismo español y francés. Decía la gran reina de Nabarra: “Estamos dispuestos a morir todos nosotros antes que abandonar a nuestro Dios y a nuestra religión (en Francia se conocía a los hugonotes como “la Religión”), la cual no podemos mantener sin que se permita su adoración pública, igual que no puede vivir el cuerpo humano sin agua o comida”.

Por tanto, la libertad de culto llegó a Nabarra 34 años antes del Edicto de Nantes de 1598, cuando el hijo de Juana, llamado Enrique III “el bearnés” en Nabarra y el “nabarro” en Francia (Pau 1553-París 1610, el cual había participado en su juventud en la segunda y tercera “Guerra de Religión”), accedió la corona francesa, lo que le supuso su muerte a manos de un sicario del Vaticano. En España el primer e infructuoso intento de decretar la libertad de culto fue en una fecha tan tardía como 1890.

La inquina de los Estados poderosos del momento, harán una herejía de la libertad de culto, además de una nueva excusa para hacer desaparecer el pequeño reino pirenaico de Nabarra-Foix (Andorra)-Bearne, lo que quedaba de nuestro ducado de Baskonia y de su hija Nabarra Osoa; sin su Estado que lo ampare, comenzó también el proceso de asimilación y desaparición del Pueblo que los creó y sustentó durante más de 1000 años (600-1620).